Entrevista con Santiago Roncagliolo, por A. Maldonado

Jan 01, 2012 No Comments by

Entrevista con Santiago Roncagliolo (completa, para ver la versión corta lea el flipbook Ventana Latina Enero 2012)

VL: ¿Cómo te ha marcado el hecho de haber dejado tu país dos veces? y ¿Cómo ha influenciado esto en tu obra?

SR: Bueno, cuando volví de México a Perú porque había crecido allí hasta los 8 a 10 años, yo me hice lector. Cuando volví a Perú era un chico que hablaba raro que no entendía ni siquiera las malas palabras, que venía de otro mundo y Perú en ese momento era lugar muy violento y muy difícil. Había mucha violencia en la calle a mediados de los 80, yo estaba en un colegio religioso de hombres que era como una olla a presión de hormonas a punto de explotar y mi familia también empezó a desintegrarse, entonces la lectura me permitía visitar mundos que eran mejores al mundo en el que yo vivía. Empecé a leer mucho, descubrí la literatura al regresar a Perú y luego me fui a España un poco con la idea de ser escritor. Porque todos los escritores peruanos que conocía que eran profesionales vivían en España y luego descubrí que todos eran dos y que la mayor parte fracasan, lo que pasa es que sus historias no trascienden y no las conoces. Pero viajar a España sí me dio más distancia para ver mi propio país y entenderlo de otra manera. Me dio lo que un escritor necesita que es cosas que contar, historias, sensaciones nuevas, una vida nueva. Cuando escribes libros inventas vidas para dárselas a los lectores y es eso lo que me dio el viaje a España.

VL: Y te quedaste, ¿Cómo fueron esos primeros años en España?

SR: Sí, me quede. Los primeros años fueron muy difíciles, no tenía papeles, por lo tanto no tenía trabajo y no tenía dinero. Fueron muy duros pero ahora también los recuerdo como unos años divertidos. En ese entonces si eras latinoamericano, boliviano, o guatemalteco y querías irte a hacer cualquier cosa, cine, literatura, pintura, te ibas a Madrid. Aunque esos años fueron muy difíciles los pasé rodeado de mucha gente muy creativa de todas partes especialmente de América Latina que estaban allí tratando de buscarse la vida. Así que aprendí mucho con ellos.

Pero sí publiqué libros desde muy temprano en España. En Perú  ya me habían rechazado todas las editoriales, que eran tres. Y en España había más editoriales, podía llevar mi trabajo. Estaba bastante mal pero por lo menos estaba publicando. Y eso era muy importante para mí.

VL: ¿Cuentas historias autobiográficas?

SR: Bueno, todo lo que escribo tiene algo de autobiográfico. Parto de mi vida, de las cosas que he vivido. Lo que pasa es que las exagero, las deformo las agrando y las convierto en historias mejores que la mía. Creo que uno escribe para mejorar la realidad, pero escribo partiendo de ella. Sólo escribo de lo que conozco, si no se hace muy difícil.

VL: ¿Por qué el horror, la violencia, por qué escogerlos como parte de tu obra?

SR: Bueno, no los escoges, no escoges tu vida y esa es la vida que yo tuve, esa fue mi guerra, en el caso de Abril rojo. Esa novela empecé a pensarla cuando estaba en Madrid y  hubo un ataque terrorista en la estación de Atocha. Tuve la sensación de que yo ya había visto eso. Toda esta guerra entre el terrorismo y el Estado, de todo este miedo, esa sensación de que te pueden matar cuando sales a la calle. Yo ya lo había vivido en Perú, y pensé que a la gente podría interesarle este tema del tipo de violencia terrorista con el que yo crecí, el cual no sólo es un problema peruano sino también un problema en Londres, Nueva York, España, y el resto del mundo. Y fue entonces que encontré algo de lo que yo podía hablar.

VL: ¿Cuánto tiempo tardaste en escribir Abril Rojo?

SR: No mucho, pero tardé mucho en pensarla. Había sido empleado público y había visto muy de cerca todas las consecuencias de la violencia, todos los efectos que había dejado la guerra y quería escribir sobre lo difícil que es distinguir a los buenos de los malos en  esa situación. Sobre cómo la gente hace atrocidades creyéndose buenas personas. Y simplemente uno decide, casi de manera arbitraria y según donde le pille la guerra, de qué lado está. Pero no sabía bien cómo escribir de eso. Me sirvieron muchas historias de asesinos en serie y películas como “7” o “El silencio de los inocentes”.

VL: ¿Cómo surge Chacaltana, tu personaje principal?

SR: Mi personaje surge de lo que yo he vivido, tiene mucho que ver conmigo. Es empleado público y yo era igual de ridículo que él. En cambio lo que dispara la novela es la idea de hacer un thriller con un asesino en serie. Entiendo que quiero hablar de una sociedad de asesinos en serie. De un lugar en el que matar se convierte en la única opción posible. Cuando encontré este tema, la novela surge rápidamente, 4 o 5 meses pero llevaba mucho tiempo dándole vueltas, años. Generalmente es así, pienso algo muchos años, tengo un par de abortos, intentos que salen mal y luego encuentro una solución y escribo. Si me concentro bien, debería tomarme 4 o 5 meses. En ese tiempo no tenía trabajo, no tenía papeles así que tenía todo el tiempo del mundo para escribir.

VL: ¿Cómo cambio tu vida el éxito de Abril rojo y el haber ganado el premio Alfaguara de novela?

SR: Bueno, fue espectacular. Yo todavía no entiendo como hice una novela que fuese tan bien. Me gustaría volver hacer algo así de indiscutible, la novela ganó premios en castellano y en inglés, fue un bestseller y tuvo una crítica excelente. En la sociedad peruana, hizo que la gente volviera a ver temas de los que prefería no hablar. Y me siento muy orgulloso de haber hecho un libro así. No tengo idea de cómo se hace, no puedo hacer otro así. Y eso un poco te convierte en  un esclavo, uno quiere hacer otras cosas pero mucha gente sólo piensa en esta novela. Pero me alegro de que haya ido tan bien, ayudó a consolidar mi carrera en una manera mucho más radical de lo que yo soñaba.

VL: Se dice que trabajaste de “negro literario”. ¿Por qué?

SR: Por que cuando escribes, a veces, no puedes escoger tus trabajos, tú haces lo que te digan. Parte de mi trabajo como empleado público era escribir los discursos de un político. Y después escribí discursos para otra gente también. Escribí incluso memorias de alguna gente que me contrataba. Escribir discursos políticos es un gran ejercicio para escribir ficción y escribir como si fueses alguien, es como escribir una novela pero con el personaje vivo diciéndote qué es lo que él quiere y no quiere poner.

VL: ¿Siempre fuiste escritor?

SR: Parte de mi trabajo como empleado público era escribir, en este caso discursos o mirar cómo estaban escritos los textos. Siempre supe que yo iba a vivir de un modo u otro de escribir. Nunca creí que iba a ser un escritor profesional, pero siempre supe que mi trabajo iba a tener que ver con el oficio de escribir y siempre he tenido trabajos alrededor de eso, traductor, periodista, guionista de telenovelas; ha sido un poco todo lo que me han dejado ser y es allí de donde aprendes el oficio de escribir y también de donde sacas historias para contar.

VL: En la charla que diste aquí en Londres sobre tu crónica publicada en la revista Granta, se hablaba de que escritores de pasadas generaciones no escribían tanto sobre política como los actuales, ¿estas de acuerdo?  ¿por qué?

SR: Sí, pero creo que no sólo se escribe de política, creo que uno escribe de lo que le preocupa de lo que no tiene resuelto, de lo que no le gusta, de lo que le indigna. Y esas cosas son muchas veces cosas políticas o sociales. Si eres mexicano es muy posible que te impacte toda la violencia que hay en México que tiene que ver con fenómenos sociales y políticos y por lo tanto hay mucha gente escribiendo de eso. En mi generación empieza a haber mucha gente que son hijos de los progress de los años sesenta y  setentas que esperaban mucho, esperaban crear una especie de mundo maravilloso y se estrellaron con la realidad. Ahora hay mucha gente de muchos países escribiendo sobre sus padres. Yo también de alguna manera lo hago, tratando de darle sentido a su vida desde la historia de sus padres y generalmente esas no son historias políticas en el sentido que denuncian una problemática, pero son historias de gente que dejó que la política guiase sus vidas y no las guió hacia ningún sitio amable y son cosas que nos interesan cuando comenzamos a ser padres y pensamos en cómo eran nuestros padres y tratamos de entenderlos.

VL: En la misma charla se te escucho decir varias veces la palabra “verdad” en diferentes contextos, ¿cuál es la verdad? ¿cuál es tu verdad?

SR: Hasta donde es mi experiencia en la vida, la verdad es una cosa que dura más o menos lo que un rollo de papel higiénico. He visto caerse el muro de Berlin, Wall Street, y he visto caerse las grandes verdades con las que crecí. Creo que vivimos en un mundo muy confuso, por eso es que me gusta tanto el personaje del padre  Lanssiers, que es el de la crónica que aparece en la revista Granta, porque él tenía su verdad, era un sacerdote católico pero no esperaba convencer de ella a nadie. Su verdad era que él debía hacer que la gente viviese mejor. No estoy muy seguro de que las grandes verdades hayan servido para eso, un gran edificio ideológico lo que hace es que no veas a las personas que hay detrás, estás sólo pendiente de abstracciones y de teorías. Pero también es angustiante, es parte de la angustia de mis personajes porque también es angustia mía, la sensación de vivir en un mundo donde no sabes muy bien a qué aferrarte. En una entrevista a Vargas Llosa, él dice que las verdades son relativas. Son verdades hasta que se demuestra que son mentira pero que hay que aferrarse a alguna para poder funcionar, para poder vivir, para poder escribir y existir necesitas creer en cosas y lo intento pero cada vez que creo en algo me ha ocurrido que eso se derrumba frente a mis ojos. Supongo que eso es uno de mis grandes conflictos, el de nunca poder encontrar algo a lo que me pueda aferrar.

VL: En relación a la crónica que aparece en Granta. Si la verdad fuera Dios para una gran parte de los latinoamericanos, esto se convertiría en un poder tal vez mediador de la iglesia entre terroristas y el Estado. ¿Cuál crees que ha sido el rol de la iglesia católica en la historia de esta violencia, esta que relatas?

SR: Es difícil resumir el rol de la iglesia. Ha habido curas defendiendo a Pinochet y ha habido curas perdiendo la vida por enfrentarse a las injusticias por ejemplo en  Centroamérica. No podemos meterlos a todos en el mismo saco, la iglesia es como cualquier institución humana. A mí como institución no me interesa, no sigo las cosas que dice el Papa.  De hecho, me avergüenzo cuando escucho hablar del Papa pero a la vez, algunas de las personas que más he admirado personalmente son curas, personas que tienen una autoridad moral por encima de lo material, lo temporal,  y de sus intereses políticos o el dinero que puedan ganar. Es gente que hace cosas maravillosas y es cierto que sólo he visto esa gente en miembros de la iglesia. Me gustaría poder ser un tipo como  Lanssiers que va mejorando la vida de los demás sin ninguna retribución. Ojalá hubiese más gente así, ojalá yo fuese así.

VL: En una entrevista en 2006 dijiste “A mi me gusta trabajar con los géneros que la mayoría de escritores desprecian”, ¿sigue siendo esto cierto? ¿por qué?

SR: Sí, estoy haciendo una comedia de un guionista de telenovelas y un libro que es una mezcla de alta cultura literaria con prensa del corazón, la vida sexual de grandes artistas. Sí, me gusta trabajar mucho con la cultura popular. Pero ya no estoy tan seguro de que los escritores la desprecian, antes la despreciaban pero cada vez más hay menos diferencia entre la cultura popular y la alta cultura, ya no son dos cosas que van cada una por su lado. También a los escritores más elitistas les parece bien y ellos mismos empiezan a hacer cosas así. Puedes hacer las dos, yo quisiera hacer algo al medio, no me interesa escribir cosas muy elitistas ni tampoco escribir bestsellers intrascendentes. Creo que cada vez más los escritores quieren hacer eso, encontrar un lugar en el medio.

VL: Tu próximo libro será una comedia, ¿Por qué ese salto? ¿Por qué el cambiar de estilos?

SR: Precisamente porque eso es lo que me gusta cuando leo también o cuando viajo, uno no viaja siempre al mismo sitio, uno viaja para conocer sitios nuevos. Cuando escribo me gusta escribir cosas nuevas, tener experiencias creativas distintas

VL: ¿Hay un común denominador en tu obra?

SR: Sí, mis obras suelen tener sentido del humor, son muy cinematográficas, son muy visuales. Me interesa que el lector se transporte a lo que esta ocurriendo como en el cine, cuando se olvida que hay un mundo allá afuera y se mete a la historia y convive un rato con los personajes. También, mis personajes suelen estar muy solos, sienten que no se comunican bien con el mundo a su alrededor, que es lo mismo que me pasa a mí. Y también, por lo general, les pasa algo peor que es que su mundo se está volviendo una mentira, que las cosas en que creían se les están viniendo abajo. Eso les suele pasar siempre a mis personajes, en realidad son muchas cosas en común.

VL: También se sitúan en diferentes lugares del planeta

SR: Sí, la última ocurrió en el Japón, la anterior ocurre en el Caribe, la que viene entre Uruguay y Argentina. La comedia está ambientada en Miami.

VL: ¿Es difícil escribir desde diferentes perspectivas de personajes que viven en diferentes lugares?

SR: Mis personajes suelen ser viajeros para no tener que escribir desde la perspectiva de alguien que vive en otro sitio y al que posiblemente no entiendo. Creo que cuando llegas a un sitio nuevo tienes que transformarte y convertirte en otra persona, adaptarte. A la vez puedes convertirte en una persona distinta, tal vez ser la persona que querías ser y antes no podías porque cuando estás en tu lugar tienes un pasado, tienes un futuro, tienes relaciones sociales, tienes que ser de una manera. Cuando viajas, toda esa presión no existe y a la vez no tienes a que asirte, estas solo en el aire. Me gusta esa sensación, me gusta ese vértigo para escribir sobre él.

VL: Si tuvieras que hablarle a la humanidad entera, si tuvieras la oportunidad de que cada ser humano te escuchara por unos minutos, ¿qué les dirías?

SR: Compren mi libro o vuelvo a venir a decirles mañana, jajaja. No sé si hay algo que le puedes decir a toda la humanidad, creo que todos los intelectuales siempre han pensado que tienen algo que quieren decirle a la humanidad. Yo ya no creo mucho en eso, lo que puedo ofrecer son las historias que cuento. Escribir un libro es un acto muy pretencioso ya de por sí, implica que hay gente que está pendiente de lo que dices por días, semanas. Y sin embargo encuentras gente, son como botellas al mar, no son toda la humanidad pero son suficientes para seguir escribiendo historias.

VL: ¿Lees poesía Santiago?

SR: Poca. Pero últimamente he estado leyendo mucha por el libro para el que estoy investigando, es una historia real de poetas. Recién he descubierto la poesía de nuevo. Creo que siempre se ha vendido la idea de la poesía como una especie de lenguaje cifrado, que hay unos especialistas que son los que la entienden y te explican de qué se trata. Estuve leyendo a García Lorca, a Neruda, a Girondo, a Borges y me sorprendió darme cuenta que es todo lo contrario, estos poetas decían lo que pensaban y lo que sentían de una manera súper directa y sin pudor. Entonces todo lo que creía sobre la poesía, resultó ser falso y empecé a entender de qué se trata.

VL: ¿Y blogs? ¿El internet?

SR: Llevé un blog una época en la que  viajaba mucho, era divertido contar lo que hacía en cada país. Pero era agotador, implica mucho trabajo si quieres hacerlo bien. Hubo un momento que tuve que decidir entre escribir el blog y escribir libros y opte por escribir libros. Aunque hicimos un libro con las mejores crónicas del blog. Tengo una cuenta en twitter y en facebook, sobre todo para hablar de las cosas que voy haciendo, anunciar mi trabajo mantengo informada a la gente de mis viajes, cuelgo fotos. Pero lo que más me interesa de la tecnología son las posibilidades creativas. Tengo aplicaciones que me permiten componer música, hacer películas, me he vuelto un poco adicto a la tecnología este último año.

 

 

Especial Santiago Roncagliolo, La revista

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