Mi historia: Eva Tarr, una vida para el cine latinoamericano

Apr 01, 2012 No Comments by

Nacida en Cuba durante la revolución, Eva Tarr llega a Londres a fina-les de los años 70s por azares del destino. En 1990, junto con su marido Tony Kirkhope organizan el primer Festival de Cine Latinoamericano en Londres. Veintiún años más tarde, el festival continúa siendo una de las más grandes vitrinas del cine latinoamericano en el Reino Unido y ha hecho de Eva una de las personalidades más importantes de la diáspora latinoamericana en este país.

Eva nos cuenta su historia.

Nací en Cuba en un momento de crisis económica dentro de una familia de artistas. De pequeña era muy curiosa, me encantaba la moda. Tal vez era la influencia de mi mamá quien cocía y hacía sombreros. A los 7 años mi padre muere y las cosas se complican para mi familia. Recuerdo haber visto a mi madre desesperada, pero al mismo tiempo aguerrida y luchadora. Nunca se venció y salimos adelante. Ella me enseñó que siempre había que echar pa’lante, sin detenerse.

Cuando triunfa la revolución, mi hermana y yo entramos a la escuela de becarios donde estudié muchas cosas como inglés, francés, música, química, historia del arte y diseño, entre otras. En esa época no había una escuela de cine como tal, y lo llevábamos como una materia más. También hice cursos de periodismo y todo lo que estaba relacionado con las letras. Creo que estudiaba tantas cosas y era tan inquieta porque vivía cerrada en una isla. Soy hija de la revolución y en aquella época para realizar tus sueños había que estudiar, además de que te motivaban constantemente. De hecho, me considero una privilegiada por haber estado en todos esos momentos donde había una educación muy férrea, muy buena.

Más tarde, ingresé a varios círculos de interés, donde conocí a lo que vale y brilla de la intelectualidad, de los artistas en Cuba, porque de la forma en que me proyecto ahora que soy una vieja, hay que imaginarse como lo hacía en aquella época con aquel cuerpo, y aquellas poses. Entonces, conocí a mucha gente y también a muchos extranjeros, que no eran turistas porque el turismo en ese momento no existía. A ellos se les conocía como ‘técnicos extranjeros’ y eran casi como una raza aparte.

Un día esperando en la fila del cine, pasó un amigo inglés y me dice que una amiga en común acababa de regresar y quería verme. Acordamos con ella encontrarnos en la casa que compartía con otros extranjeros. Cuando toqué a su puerta, fue abierta por el hombre más bello que había visto en mi vida. Como mi amiga no estaba, me invita a pasar a esperarla y me pide que le ayude con la mermelada de naranja que estaba haciendo. Así iniciamos nuestra historia, la cual llegó hasta el matrimonio. Nunca pensé en algún momento venir a vivir a Londres, tenía un excelente puesto en el Liceo de Cuba, un lugar donde vivir y acababa de obtener el privilegio de tener un carro. Pero un día, la madre de mi marido se enferma y él quiere regresar a Inglaterra. Fue así que llegué a Londres en el 79.

Los primeros 10 años, trabajé en diseño gráfico y en cine; también hice un poco de modelaje. Mi marido consiguió un trabajo en España y durante un tiempo yo viví entre Londres y Madrid. La distancia no fue nada fácil y un buen día, él conoció a otra persona y me pidió el divorcio. Entonces me quedé sola y tuve que empezar de nuevo. No soy una inmigrante económica, de hecho, yo empeoré, porque aquí perdí mi casa, perdí mi carro, me quedé sin nada.

Después de haber vivido de casa en casa con amigos, me instalé en una casa por Sheperd’s Bush. Para ese tiempo trabajaba para la distribuidora de documentales Icarus film. Un día organicé una fiesta a la que invité a muchísimas personas, entre ellas al dueño del edificio en el que yo trabajaba, Tony Kirkhope. Fue a partir de allí que iniciamos una relación. Más tarde nos casamos. Tony tenía muchas compañías, entre ellas el Metro Cinema que era un cine independiente, donde cuando empecé a trabajar con él organizamos ciclos de cine de películas extranjeras. El Metro Cinema fue precisamente la sede del Festival de Cine Latinoamericano hasta el 2001. Después su sede cambió y se diversificó.

En una conversación con mi marido sobre el hecho de que siempre yo quería ir a París a ver películas latinas que en Londres no podía encontrar, surge la idea del festival, cuyo propósito siempre ha sido el de mostrar las producciones para que la gente se entere de que existen y para que los distribuidores las compren. Yo fui la que abrió las puertas para eso y afortunadamente, hasta ahora, todos los años por lo menos dos películas salen a la venta en distribución.

Al principio hubo muchos obstáculos, tuvimos que conseguir el dinero, hacer que la prensa se interesara; tardamos dos años en hacer una realidad el festival en 1990, pero al final logramos algo excelente. Ahora las dificultades mayores se centran en la tarea de conseguir las películas, puesto que con la aparición de Internet es cada vez más difícil, porque la gente puede bajarlas, y mientras más fácil sea eso, más difícil se nos hace venderlas. Muchos de los productores latinos me mandan sus películas pero con temor a la piratería. El año pasado con la película Boca de fresa el hombre con tanto miedo me envió la película con una marca de agua que aparecía cada determinado tiempo y decía algo como “esta película es para ser visionada exclusivamente en el festival”. Yo considero que fue una falta de respeto para el público y para mí, pero entendí su miedo.

Cuando iniciamos con el festival teníamos mucha ayuda. Ahora tengo que atenerme a la situación actual, cuidarme de la historia de la piratería, asegurarme que nadie grabe nada y asegurar a todos que tengo serio cuidado.

A pesar de las dificultades, el Festival sigue adelante. Me digo que son solamente nuevos obstáculos a vencer. Vencí cosas peores, nada es comparable con perder a tu compañero con quien además fundaste el proyecto. Perder a alguien, tú no puedes reponer eso, pero como yo estoy viva, tengo que seguir. Con todo lo que he pasado, claro que voy a seguir.

Para conocer más acerca del Festival de Cine Latinoamericano visite: www.latinamericanfilmfestival.com

La revista, Mi historia

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