¿Por qué leer Siete Maneras de Matar a un Gato? (Seven Ways to Kill a Cat)?: ENTREVISTA A MATIAS NESPOLO, por Jimena Gorráez Belmar

Apr 01, 2012 No Comments by

En este especial sobre arte urbano, les presentamos una exclusiva entrevista con el escritor argentino Martías Néspolo, cuya novela Siete maneras de matar un gato (traducida al inglés como Seven Ways to Kill a Cat) presenta un entorno poco conocido del Buenos Aires contemporáneo.

En esta entrevista Matías nos habla de sus inicios como narrador, sus influencias literarias, la novela y el libro que se llevaría a la isla desierta.

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Jimena Gorráez: Cuéntanos ¿Cómo inicia esta aventura de ser escritor y qué obras te han influenciado?

Matías Néspolo: Creo que hay muchos libros, muchos autores que realmente me han marcado. En una primera etapa me acerqué a la literatura cuando era estudiante, sobre todo por la poesía y a través de grandes poetas latinoamericanos, desde Vallejo hasta Nicanor Parra. Luego, el ingreso propiamente dicho a la narrativa, se ha debido a una conjunción de factores: el trabajo cotidiano con la prensa, con la escritura periodística y alguno que otro autor argentino que me han servido de estímulo para arrancar.

Pero el horizonte de la ficción estuvo siempre ahí, era una especie de objeto de deseo, un lugar al que me dirigía, aunque aún no hacía ficción pero en el día a día pensaba: “yo lo que quiero es hacer literatura, hacer ficción literaria”. Y creo que tal vez Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, autores argentinos de la década del 70 muy sólidos, en algún momento me marcaron tal vez un poco más, o fueron un estímulo más incisivo a la hora de ponerme a narrar. ¿Por qué? porque su prosa también la encontraba muy cercana, sobre todo la de Rodolfo Walsh, muy telegráfica, periodística, muy funcional. Parecía que estaba trabajando en un texto periodístico y en realidad estaba narrando un relato, o una novela.

JG: Hablando sobre el peso de la herencia de Borges, de Cortázar, de estos grandes escritores argentinos que están a la sombra y se vuelven la expectativa de las nuevas generaciones. ¿Crees que hay una especie de rompimiento, un rechazo o una reacción similar en Argentina?

MN: Yo creo que sí. Por lo menos entre los autores de mi generación nacidos en la década de los 70s y hasta comienzo de los 80s. Considero que hay una especie de fractura más o menos visible y asumida conscientemente. Sobre todo en el sentido de cómo tratan la ficción literaria y la narración, porque hasta los 70s el canon literario argentino estaba muy claramente conformado por la figura de Borges, Cortázar, Bioy Casares. Era una órbita de narrativa de ficción dominada por el fantástico, por un juego con lenguaje de una calidad muy buena.

Pero a partir de los 90s, esa casi tercera generación, marcada por Sáez, Piglia, Owen, Aira, necesitaba distanciarse de ese uso más, es fuerte lo que voy a decir, lúdico y evasivo de la literatura. Como si fueran los nietos que volvieron para atrás y miraron la narrativa para buscar otra manera de asumir el relato de ficción.

JG: En ese sentido, ¿consideras que “Siete maneras de matar un gato” responde a una necesidad de decir lo que está sucediendo a las afueras de Buenos Aires? Te lo digo porque Buenos Aires es una de esas ciudades que tienen la fortuna de estar asociadas con la elegancia. En el imaginario global en Buenos Aires la gente baila tango, camina por la arbolada ciudad estilo europeo y en la novela nada de eso aparece.

MN: No sé hasta qué punto apareció de manera consciente o voluntaria. Pero sí, seguramente había una decisión clara de no mostrar esa imagen de la sociedad argentina y el Buenos Aires cosmopolita, cultural y extremadamente civilizada, cuando la realidad social es otra. Pero más que nada fue una decisión personal, mía de qué hacer con la otra cara de la urbe.

JG: Me llamó mucho la atención el papel que juega la novela Moby Dick en tu libro. Háblanos un poco más de la relación del personaje principal que, lejos de tener acceso a la cultura, se topa con esta gran obra de la literatura universal.

MN: Tiene que ver con lo que veníamos hablando, de la herencia de Borges y la gran literatura en Argentina. Me vino una luz y pensé en una novela que a mí me marcó muchísimo en la adolescencia y que la utilicé como referente. Pensé: ¿dónde me he metido? Aquí estoy siguiendo de cerca un personaje que tiene una situación social compleja y me estoy poniendo en los zapatos de alguien que está más allá de la frontera social. Tenía yo una especie de problema narrativo, ¿cómo resuelvo esto?, ¿cómo salir de este problema?

Y la imagen y novela que primero se me vino a la cabeza fue El Juguete Rabioso de Roberto Arlt, que es un gran clásico en Argentina. Él es una contra figura de Borges en los años 40 y 50, que formaba parte de un grupo literario en oposición un tanto fingida, en juego literario, con el grupo de Borges y que apostaban por un realismo social, comprometido y muy político. Borges y compañía buscaban una literatura cosmopolita, ambigua, fantástica y en diálogo con las vanguardias europeas.

En el Juguete Rabioso hay un par de escenas fundamentales en donde el personaje, un hijo de los arrabales marginales, saquea una biblioteca pública. Él es uno de esos ladrones de poca monta, miembro de una banda barrial que malviven del delito y de más, y la noche que saquean la biblioteca se lleva Las Flores del Mal de Baudelaire. Y ese juego me dio la idea de qué haría de mi personaje si en sus manos cayera Moby Dick.

Por situaciones personales, fue un libro que me perseguía, me persiguió casi una década. Cuando estaba escribiendo la tenía por enésima vez en las manos y fue también un juego inconsciente que Moby Dick se metió en la trama, y me daba mucho juego para trabajar esa forma de adquisición de la cultura, digamos un poco más informal y delictiva. Es decir, esta manera de apropiación cultural heterodoxa.

Eso por un lado, por el otro, todo el problema narrativo que tiene Moby Dick me parece interesantísimo y que en esa situación marginal actual permitía integrar varios aspectos de la vida inmediata y de la experiencia propia.

Y el último elemento, era la capacidad de lectura, de comprensión literaria que tiene todo ser humano más allá de la formación o de la competencia que el lector pueda tener. ¿Qué se puede sacar de la literatura mirándola con otros ojos?

JG: Distanciándote del Matías autor. ¿Por qué leer Siete maneras de matar un gato? ¿Qué le dirías a la gente?

MN: ¡Buena pregunta! Yo creo que en un doble juego, podrían leerlo para encontrar una historia que puede tener un contenido universal. Es una historia que podría pasar en cualquier urbe, en una gran ciudad con experiencias vitales básicas que puede compartir cualquiera y a la vez Siete maneras de matar un gato está reflejando una determinada idiosincrasia, en un determinado momento histórico muy particular no sólo de Buenos Aires, sino del cono sur. Y en ese doble juego se pueden llegar a encontrar muchos atractivos.

Me imagino a un lector extranjero, latinoamericano o de habla inglesa, que desde lo general a lo particular podría llegar a encontrar un atractivo, o en eso confío.

JG: ¿Cuál es tu siguiente proyecto? ¿En qué estás trabajando?

MN: Estoy escribiendo algunos relatos y trabajando en una novela que me está dando bastantes quebraderos de cabeza. Se está resistiendo, pero trato de ir entretejiéndola y amarrándola.

Yo no trabajo nunca con planos ni con esquemas y apuntes como trabajan muchos narradores que yo respeto y que veo que les da resultado. Yo no puedo trabajar así. Cuando me pongo a contar una historia, no tengo absolutamente nada, si apenas tengo una sensación, una réplica de un diálogo, una palabra, una imagen. Una imagen que puede ser muy sensitiva o ser un juego de palabras y a partir de ahí trato de ir desenredando la historia contenida, la historia oculta.

Creo que la historia es lo suficientemente densa como para meditar algún tipo de plano, de esquema previo. Como me resisto a hacerlo también, ese ir abriendo caminos sobre la marcha tiene sus riesgos y claro, he avanzado mucho en una dirección, luego vuelvo para atrás. Estoy tratando de desenredar esa historia que se me resiste pero bueno, ahí voy.

JG: ¿Qué estás leyendo ahora?

MN: Es una pregunta difícil porque leo mucho por motivos profesionales. ¡Tendría que buscar lo último que he leído por placer! Recuerdo que leí un relato al azar de Antonio di Benedetto, los Cuentos Completos. Tiene un lenguaje muy rico, una manera de narrar maravillosa que incluso algunos críticos más entusiastas lo comparan con un Rulfo del Cono Sur. Su manera de narrar es muy seca, con frases cortas en párrafos enteros y un mundo narrativo incomparable.

También estaba leyendo una novela de un autor madrileño Javier Montes, su última novela publicada en Alfaguara, La vida de hotel.

JG: Y finalmente, ¿cuál es el libro que te llevarías a la isla desierta?

MN: ¡Esa es la gran pregunta! Yo creo que me llevaría “Los poemas humanos” de César Vallejo. Y si no, me llevaría un libro inagotable.

 

Me reuní con Matías en Londres en una soleada mañana de marzo y quisiera aprovechar este espacio para agradecerle su generosidad por brindarme el tiempo para tener la charla que les hemos presentamos.

 

La entrevista, La revista

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