Un café con Pablo Delgado, por Rebecca Jarman

Apr 01, 2012 No Comments by

Pablo Delgado y yo quedamos en reunirnos un lunes por la tarde en Shoreditch High Street, la zona preferida del momento para los artistas callejeros. Él ha perdido su teléfono y yo ando atrasada en el metro. Entro en pánico pensando que no me va a esperar, que los artistas callejeros deben tener mucha gente a su espera, que debe tener dónde más ir con urgencia. Llego quince minutos tarde, pero ahí está, esperándome en la nieve como si nada. Me disculpo, él insiste que no es nada grave, me ayuda con la maleta que cargo y me lleva a un bar local donde me invita un café.

Dentro de los primeros treinta segundos queda clarísimo que Delgado no encaja con el estereotipo popular del graffitero como vándalo, delincuente o criminal anónimo que sale de noche a rayar las paredes clandestinamente. Al contrario, es un hombre educado con una voz inteligente pero bajita. Delgado nació en Cuernavaca, México. Llegó a Londres hace dos años para cursar una maestría en arte contemporáneo en la Universidad del Este de Londres, y aquí se quedó.  “El Londres que me gustaba era el Londres con la neblina, los sombreros de copa, el hombre elefante, en fin, era un lugar místico de la época Victoriana”, Delgado me cuenta, pausando entre cada frase cuidadosamente construida. Hoy, el día no se parece mucho a la meteorología de su imaginación: hace un frío intenso, pero el sol brilla provocando largas sombras por el patio donde nos sentamos. “Llegué acá y vi que era totalmente diferente. Aunque, igual sigo viendo las imágenes urbanas de mi imaginación en todas partes. Sobre todo la victoriana que está siempre presente, hasta en la vestimenta de la gente y sus peculiaridades del siglo XIV”.

Fue la esencia efímera de lo victoriano todavía presente hoy en día que inspiró su proyecto de poblar las calles de Londres con pequeñas figuritas que representaran la diversidad cultural y temporal de la ciudad capital británica. Después de regresar de un viaje a Barcelona donde tuvo contacto directo con el mundo del arte callejero por primera vez Delgado decidió llevar las escenas de su imaginación a la realidad. “Lo primero que puse fueron puertas, pequeñas puertas al fondo de los edificios. Puse puertas de México, China, Francia, imágenes reales que había bajado del internet. Al principio lo intentaba hacer con stencils pero se alejaba un poco de la imagen original, entonces empecé a imprimirlas y pegarlas a las paredes como paste-ups. No quería hacer la pieza mía en ningún momento, sino quería tomar la imagen tal cual como estaba, como fue tomada sin alterarla, y hacer algo público pero transcribirlo a otro espacio público”.

Una vez hecha la infraestructura básica del proyecto, “la pequeña ciudad de Pablo Delgado”  fue creciendo rápidamente, y pronto aparecieron docenas de figuritas – algunas de la imaginada época victoriana, otras las llamadas putitas posmodernas. “Quizás salieron de esas puertas, porque son del mismo tamaño”, dice Delgado provocativamente. “Lo que me gusta es que las escenas son muy abiertas, hasta surrealistas. Están llenas de elementos que para cada quien pueden significar algo diferente. Entonces, una escena de un mesero con una botella de agua y un hipopótamo para mí representa que el hipopótamo está fuera de lugar, entonces alguien está ofreciéndole algo que necesita”. Aquí Delgado refiere a una escena que apareció el verano pasado en los alrededores de Brick Lane. La botella de agua mencionada lleva una etiqueta de la marca Evian, y le pregunto si la pieza fue patrocinada por la compañía francesa. Delgado se ríe: “Para nada, no. En eso no me meto. La publicidad va hacia la otra dirección de lo que es el arte callejero. Esa libertad de querer poner lo que quieras se quitaría totalmente al apoyar comercialmente a un proyecto”.

La libertad de ampliar, transformar o dialogar con los espacios públicos es algo clave para Delgado, y varias veces subraya las diferencias que existen entre trabajar dentro de los límites de un sitio cerrado y en pleno exterior. “Parte de la magia del arte callejero es saber que la gente va a encontrar la pieza el día siguiente como una sorpresa. Alguien que vive en un departamento entra en la noche y al día siguiente sale y hay algo ahí, y acaba siendo un momento mágico para esa persona. Y no sabe quién lo hizo. Ese tipo de experiencia no la vas a tener en una galería”.

Pero me parece que Delgado busca más que regalar una experiencia bonita a los desconocidos de Londres. Mientras hablamos no baja la guardia, tampoco quiere profundizar el tema de la significación de sus escenas – “A veces las escenas son muy personales. Cuando cuentas lo que pasa, quitas toda la magia. Quiero que no sean nada definidas, así hacer que cada quien llene ese hueco con lo que uno siente. A veces la ignorancia te hace libre, porque entre más sepas, menos lo imaginas, y entre menos sepas, eres más abierto a pensar lo que quieras. A veces se necesita de esa ignorancia para tener algo de puro en tu fantasía”.

La fantasía de Delgado es la fuga de lo convencional, de lo mundano de su cotidianidad como artista trabajando siempre desde casa. “Las puertas indicaban como un escape de la frustración de estar encerrado, era un símbolo de entrada o de salida. Con las pinturas que había hecho antes, siempre había tratado de jugar con la tridimensionalidad. Usaba diferentes capas de vidrio y de perspex para hacer esa profundidad. Eso no podría hacerlo en la pared pero con las puertas podía sugerir la tridimensionalidad porque se piensa que hay algo detrás de ellas”.

Y aquellas dimensiones de la imaginación, quizás más profundas que la superficie de nuestra realidad, siguen amplificándose en el mundo de Delgado. Ya es un nombre conocido entre los grupos artísticos y también fuera de ellos – el periódico inglés The Guardian publicó un artículo sobre su trabajo hace unos seis meses. Incluso han aparecido imitaciones de sus escenas por las calles hechas anónimamente. Delgado las considera “un homenaje”, aunque confiesa que al principio le molestó algo que alguien le robara sus ideas. Tiene planes para el futuro, pero no divulga mucho. Ya está trabajando con figuritas más actuales: automóviles, astronautas, robots. También quiere viajar literalmente con su arte. En diciembre estuvo en México donde dejó unas escenas del mismo estilo a las de Londres. Está haciendo prints de las mismas escenas para vender; piensa que son como “una traducción de los paste-ups”: su objetivo final es poder vivir del arte.

Llevamos más de una hora hablando en el patio sombreado. El café ya se enfrió, el sol se está poniendo y el artista tiene que irse a su day job en un restaurant mexicano. Termino por preguntarle si sube sus nuevas piezas al internet, tengo pensado subscribirme a su blog o seguirlo por el Twitter para enterarme cuando ponga una nueva pieza, pero Delgado me dice: “Tomo fotografías a cada cosa que pongo pero siempre tardo un tiempo en subirlo a mi espacio. Y entonces se queda ahí, la gente toma fotos, las sube a sus blogs. Sí, yo no aviso nada. Que siga siendo una sorpresa”. Y así nos despedimos. Mientras Delgado desparece en el horizonte, yo camino despacio, los ojos bajados, buscando la magia de una figurita que de repente entre en mi visión y cambie la dimensión urbana que percibo.

Especial Arte Urbano, La revista

About the author

The author didnt add any Information to his profile yet
Comments are closed.