Mi historia: Rafael Ayala, trabajando para Latinoamérica y los latinoamericanos

Jul 01, 2012 Comments Off on Mi historia: Rafael Ayala, trabajando para Latinoamérica y los latinoamericanos by

Desde su llegada a Londres procedente de Colombia hace casi 18 años, Rafael Ayala se ha involucrando en un gran número de proyectos. Eventos latinos como “El Carnaval del Pueblo” y su “Tarima de los jóvenes”, asociaciones como la desaparecida CORAS (Colombian Refugee Organisation), e IRMO (Indoamerican Refugiee and Migrant Organisation); así como una serie de proyectos enfocados a la preservación de la cultura, del arte y la herencia de América Latina como lo es Music for Life, son el claro ejemplo de su compromiso con la comunidad Latinoamericana.

 

 

 

 

 

 

Rafael nos cuenta su historia.

Junto con mi madre llegamos a Londres como refugiados políticos hace casi 18 años. Es una historia bastante dolorosa que ahora podemos contar con menos pena, pero que no deja de ser una pequeña astillita en nuestro corazón. Debido a las actividades políticas que desarrollaba mi familia y como consecuencia de la intensificación de la persecución política en nuestro país después de los 90´s, la muerte llegó muy cerca de nosotros. Afortunadamente, pudimos escaparnos a tiempo y venimos a Londres donde vivía ya parte de mi familia que también se había visto obligada a huir. Yo tenía solamente 14 años.

El proceso había sido una gran aventura: ir a despedirse de la familia secretamente, esconderse. Sin embargo, todo cambió en el momento en que nos bajamos del avión, nos enfrentamos a la oficina de inmigración y me vi obligado a hablar con ellos ya que mi madre estaba en shock. Recuerdo que les dije, “venimos a pedir refugio, nuestros abogados, nuestra familia nos están esperando afuera”. En el momento en que terminé esta frase me doy cuenta de que no hay paso atrás. Éramos refugiados en un país totalmente desconocido.

Los primeros días, la escuela fue como un campo de tortura. Yo no hablaba ingles. Durante dos años sufrí de una nostalgia exagerada por mi país. Necesitaba aprender más sobre él. Entonces empecé a estudiar historia, a interesarme por la política. Para mí era una obligación. Era tratar de recobrar lo que me habían quitado. Con el paso del tiempo, fui olvidando un poquito. Empecé a acostumbrarme a la ciudad, al sistema educativo. Además, tuve la oportunidad de ser parte de la escuela de futbol Andrés Escobar la cual fue un punto de sanación para mí, porque estaba con mi comunidad, jugando futbol con mi gente.

Cuando hacia mis estudios universitarios en sociología y filosofía militaba con campañas de solidaridad con Colombia, así que decidir ir a Cuba para mi último año y fue un punto cúspide. Llegue allá y fue como si toda la vida había vivido ahí. Desafortunadamente 4 meses después de mi llegada tuve un accidente de bicicleta. Fue duro porque de cierta manera perdí el brazo por tres días, pero pude ver el sistema de salud cubano. ¡Es el mejor! Son gentes entregadas a su trabajo, porque a pesar de que estaba como en uno de esos hospitales de guerra, donde había 16 camas, un baño, las ventanillas con vidrios rotos, el cuidado y la atención de la gente estaban allí.

A mi regreso, trabajé en un proyecto colombiano llamado CORAS, una asociación de refugiados donde organicé un grupo de danza, Identidades. Más tarde, fui invitado por el señor Mario Tasama, uno de los creadores del Carnaval del pueblo, para coordinar los grupos comunitarios en este evento y desde entonces he colaborado regularmente en el proyecto.

Un tiempo después, formé parte de IRMO (Indoamerican Refugiee and Migrant Organisation) y de la que fui el coordinador en el 2007. En esta época iniciamos un proyecto llamado The Latin American Youth Forum, el cual buscaba crear líderes jóvenes utilizando el arte para empoderarlos y lo queríamos hacer de manera grande. Entonces se inició el proyecto de La tarima de los jóvenes en el Carnaval del pueblo, donde se da la oportunidad a los jóvenes artistas de que muestren su arte ante un gran publico.

Debido a todas mis responsabilidades y actividades, en el 2009, llegué a un punto de desgaste y decidí abandonar todo, volver a mi país. En cierta manera estaba huyendo; este país me hacía sentir muy solo. Me fui a Colombia a aprender la música de gaita, un instrumento indígena, pero me seguía sintiendo solo. Entonces, me dirigí hacia el sur del país a acampar, leer mis diarios y me di cuenta que desde hace mucho estaba pensando en este viaje. Después, me dirigí al Putumayo, a un pueblito en la frontera con el Ecuador llamado Jardines de Sucumbíos. Fue un viaje con muchas dificultades, pero persistí. Iba buscando al Taita querubín queta Alvarado, que es el máximo líder espiritual de la comunidad Cofán (Comunidad indígena entre Ecuador y Colombia). Cuando llegué al lugar, me recibió el cocinero quien me preguntó: “¿estás enfermo?” le respondí que no. “¿Vienes por la parte espiritual del remedio?” Y asentí. Me recibió en su casa y juntos iniciamos la preparación del remedio mientras esperábamos al taita. En todo ese proceso uno empieza a valorar muchas cosas que creemos ganadas.

Yo me decía ateo, no creía en dios, pero cuando llegó el Taita y me dijo: “Tómese esta tasita, piense en Dios y esté en la luz”, hubo una contradicción muy fuerte en mí. El remedio tuvo un efecto grandísimo y empezó a cambiar totalmente mi perspectiva de la vida, de cómo quería trabajar, el papel que yo quería jugar. Me quedé 2 meses viviendo allá. Durante una toma de viaje, me vino la visión de que ya era suficiente tiempo de estar allá, pensé en mi madre y sentí que tenía que regresar a hacer algo que ya había comenzado. Y es allí donde inicia Music for life, el cual es un proyecto que busca rescatar, promover nuestra herencia cultural y humana enfocándonos en la música, el arte visual, la comida y en el hecho de que hay que hacer algo por los humanos que transmiten ese conocimiento. De este proyecto han nacido varias organizaciones como la que creamos junto con mi maestro de gaita para reunir fondos y apoyar a la comunidad Cofán a transmitir su legado a través de la creación de una escuela. También como parte de Music for Life hemos creado talleres de música y de danza, y en el 2010 desarrollamos un proyecto, gracias a un fondo recibido, para enseñar a los jóvenes la influencia africana en los diferentes países de América Latina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de que salí del Putumayo, sentí la necesidad de hacer un énfasis en las cosas olvidadas pero que son importantes, de trabajar en base a la humildad y la compasión para realmente tener un impacto en las personas. Anteriormente, yo era muy agresivo en mi trabajo, siempre mostrando resultados. Ahora en cambio, soy una persona más calmada que trata de no perder el temperamento. Además, por muchos años yo coqueteé con la música, pero nunca lo hice, así que a mi regreso a Londres también empecé a tocar en un grupo de música folklórica afrocolombiana, llamado Cumbé. Como alguien me dijo una vez, “nunca dejes de tocar, estas haciendo a muchas personas felices”. Y ese es mi proyecto.

La revista, Mi historia

About the author

Adriana es Directora de Ventana Latina desde 2010.
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