Olimpiadas Culturales: Lanzamiento del verso

Aug 11, 2012 Comments Off on Olimpiadas Culturales: Lanzamiento del verso by

Por Fray Draco

Fray Draco: ¡Buen día! Nos encontramos aquí reunidos para celebrar un emocionante encuentro agonístico entre egregios vates y cautivantes rapsodas procedentes de los más recónditos lugares del mundo (y también el inframundo), quienes se desafiarán en la ya clásica prueba del lanzamiento de los versos poéticos en esta nueva edición de las Olimpiadas Culturales.

Para calificar las dotes poéticas y la fuerza interpretativa de nuestros atletas contamos con un selecto panel de jueces invitados. Luego de un largo viaje desde el Hades nos acompaña el famosísimo cantor de los grandes vencedores de Olimpia, el gran Píndaro.

Píndaro: Gracias. Esperamos que el hado sea propicio con los soberanos de la lira que hoy nos deleitarán con sus cantos. La perenne dicha cotidiana es lo más excelso que a cualquier mortal puede llegarle, aunque a nosotros los griegos nos sea esquiva últimamente.

Fray D.: ¿Por qué lo dice, Píndaro?

Píndaro: Tú ya sabes, eso de que nos quieren echar de Europa. Están perpetrando un rapto ¿Europa sin la tierra helena? ¡Imposible!  Sabes, el mismo Goethe me comentaba el otro día que deberíamos cobrar derechos intelectuales por todo lo que hemos donado al mundo. Coronas de oro luciríamos todos los compatriotas helenos con esas pingues ganancias. No por nada me decía… Los pecados escriben la historia, el bien es silencioso.

Fray D.: Entiendo su frustración Píndaro, pero no estamos aquí para hablar de política, sino para deleitarnos con poesía. Veo que está bien acompañado ¿no es Safo de Mitilene quién se sienta a su lado?

Píndaro: Así es. Yo deseaba venir junto a Homero, pero está viejo y no puede subir a la barca de Caronte para realizar el viaje desde el inframundo. Por eso me acompaña la encantadora Safo.

Safo: Buen día. He venido aquí, entre otras cosas, para librarme del peso de mis penas. Pero no es justo que en una casa dedicada a las musas estemos en lamentos, no nos corresponde. Dejemos que la poesía entibie nuestros corazones candorosos.

Fray D.: ¡Bien dicho! Bienvenida entonces bella poetisa. Le damos también la bienvenida a nuestro tercer jurado, un eximio atleta y astuto guerrero. Luego de una larga odisea desde la península de Yucatán nos acompaña aquí el mítico jugador de pelota maya Ixbalanqué.

Ixbalanqué: Gracias, buen día. Debo aclarar, en todo caso, que no vengo desde donde usted menciona, sino más bien de un lugar bastante más lúgubre y aburrido, justo debajo de Yucatán está lo que nosotros llamamos Xibalbá, y que vendría a ser algo parecido al Hades desde donde vienen los señores que me acompañan en el jurado. Junto a mi hermano Hunahpú reinamos en aquel sombrío territorio desde hace unos cuantos siglos. Ganamos ese derecho al vencer a los demonios que ahí habitaban en un mítico juego de pelota.

Fray D.: ¡Cómo no, Ixbalanqué! Ese partidazo está relatado magistralmente en el Popol Vuh

Ixbalanqué: Así es. Pero no estamos aquí para hablar de mis hazañas. Vamos mejor a escuchar a los bardos que hoy compiten.

Fray D.: La primera participante que viene a lanzar sus versos buscando vencer la corona de laurel de esta Olimpiada es la doncella Sulamita, de Medio Oriente, novia de Salomón. ¡Adelante Sulamita!

Sulamita: Hola, estos son versos de amor para mi amante:

Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo. Porque fuerte como la muerte es el amor; inconmovible como el Seol es la pasión. Sus brasas son brasas de fuego; es como poderosa llama. Las poderosas aguas no pueden apagar el amor, ni lo pueden anegar los ríos. Si el hombre diese todas las riquezas de su casa para comprar el amor, de cierto lo despreciarían”.

¡Gracias!

Píndaro: Ahhh… por Zeus Crónida muchacha, el amor obnubila tu rima. – Tus cabellos de ceniza Sulamita… ¿Conoces ese verso morena Sulamita?

Sulamita: No, señor Píndaro.

Píndaro: ¡Pues deberías! Son parte de un poema llamado Todesfüge, de Celán. Te recomiendo leerlo y luego probar nuevamente a escribir poesía ¡Ánimo!

Ixbalanqué: Yo paso, estos son versos demasiados azucarados para un guerrero y atleta de mi alcurnia.

Safo: Yo, en cambio, amo la delicadeza… Y se me ha concedido el amor, la luz del sol y lo bello. Oh hermosa, no te preocupes por no deleitarnos hasta el éxtasis con tu canto, no cambiará mi amor hacia ti. Gracias por venir a competir.

Fray D.: Bien, agradecemos a la protagonista del Cantar de los Cantares. Viene a competir también el escritor paceño J. Sáenz. Un gusto tenerlo con nosotros señor Sáenz.

J. Sáenz: Ya… claro. Yo no tengo intenciones de competir, siempre he creído que lo mejor es no decir nada. Por ejemplo: Si te envenenan, no digas nada, aunque te salgan las tripas por la boca y se te paren los pelos de punta; aunque se aneguen tus ojos en sangre, no digas nada. Si te sientes bien, no te sientas bien, si te quedas, no te quedes. Si te mueres, no te mueras. Si te apenas, no te apenes. No digas nada.

Vivir es difícil; cosa difícil no decir nada. Soportar a la gente sin decir nada, no es nada fácil. Es muy difícil, -en cuanto pretende que se la entienda, sin decir nada, entender a la gente sin decir nada.  Es terriblemente difícil y sin embargo muy fácil ser gente; pero es lo difícil no decir nada.

Píndaro: ¡Por los corceles del Dios Poseidón! ¿Pero usted ha venido a decirnos algo?

J. Sáenz: Si. Yo digo que uno debería procurar estar muerto. Cueste lo que cueste, antes que morir, uno tendría que hacer todo lo posible por estar muerto… El amor te lo dice, el mundo y las cosas todas, estar muerto. La oscuridad nada dice. Es todo mutismo.

Ixbalanqué: Usted si me gusta. Lo invitaré a jugar al juego de pelota a nuestro infierno.

Safo: Yo digo que morir es un mal, así lo juzgan los dioses. Si morir fuera bueno, los dioses morirían.

Píndaro: En cambio yo pienso que el riesgo grande no admite a un mortal cobarde. Y ya que la muerte es ineludible ¿Por qué recocer inútilmente una vejez anónima sentado en la sombra, ajeno a toda gloria?

J. Sáenz: Pero aquí no se trata de morir. Aquí se trata de cumplir el mandato; y por idéntica razón habrá que vivir.

Píndaro: Usted es más sibilino que Hermes. No se si amarle u odiarle, o ambas.

Fray D.: Perdón señores que los interrumpa. La última participante quiere decir algo.

A. Pizarnik: Si, gracias. Yo también deseo participar con mis palabras. Tengo cosas que decir sobre la muerte.

Fray D.: Adelante Alejandra, deléitenos con sus palabras.

A. Pizarnik: “Cómo el viento sin alas encerrado en mis ojos es la llamada de la muerte. Sólo un ángel me enlazará al sol. Dónde el ángel, dónde su palabra. -Oh, perforar con vino la suave necesidad de ser”.

Safo: La lengua se me inmoviliza, un delicado incendio corre bajo mi piel, no ven ya mis ojos, y zumban mis oídos. El sudor me cubre, un temblor se apodera de todo mi cuerpo y tan pálida como la hierba no muy lejana de la muerte me parece estar.

A. Pizarnik: Tú lloras debajo de tu llanto, tú abres el cofre de tus deseos y eres más rica que la noche. Pero hace tanta soledad que las palabras se suicidan.

Safo: Razón tienes querida. Hiciste bien en venir, pues te anhelaba y desfallecía por este deseo que incendia mi alma. Para mí eres la vencedora.

Píndaro: Entonces con mi ofrenda de néctar escanciado, don de las Musas, dulce fruto de mi saber, invoco el favor divino para ti, vencedora en Olimpia y también aquí.

Ixbalanqué: Pero a mí me gusta más J. Sáenz.

Safo: Querido Ixbalanqué, deja que la hermana goce de su honor, y se libre de los tristes afanes con que antes, afligida, atormentaba su corazón. Yo creo que en ningún tiempo existirá, bajo la luz del sol, otra muchacha a ella comparable en saber.

A. Pizarnik: Yo no sé de pájaros, no conozco la historia del fuego. Pero creo que mi soledad debería tener alas.

Fray D.: Felicitaciones Alejandra, mereces tu corona de olivo, como también la merece cada poeta que crea un mundo con sus palabras. Gracias a todos la Belleza. Hemos sido privilegiados testigos de esta interesante competencia del lanzamiento del verso poético en las Olimpiadas Culturales. Hasta una próxima oportunidad. Adiós.

 

 

 

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