Miguel Mercado: Entre el exilio y las oportunidades

Oct 01, 2012 Comments Off on Miguel Mercado: Entre el exilio y las oportunidades by

Por Tania Farías

Entre 1973 y 1989 una gran cantidad de chilenos fueron obligados al exilio. Miguel Mercado presidente de una de las organizaciones latinoamericanas más antiguas en el Reino Unido, “La Casa Latina”, nos cuenta su historia de exilio pero también de oportunidades.

“Invitado graciosamente” por el general Pinochet dejé mi país y llegué a Inglaterra como refugiado político un 3 de julio de 1979.

Vivir el exilio fue una situación bastante violenta porque no tienes más que irte. Fue una ruptura completa con el país, la familia, la cultura que hay que asumir porque es parte de un proceso. Yo pasé muchos años sin hablar de mi persecución, sin tocar el tema, hasta que comencé a masticarlo y asumir lo que me había pasado.

Recuerdo que los primeros años, los pasamos pensando que volveríamos pronto. Vivíamos  con las maletas hechas, con clavos en la puerta para colgar la ropa, con envases del yogurt para tomar cosas, para qué gastar dinero. Pero un día empezamos a tomar conciencia de que no sería tan fácil regresar, de que el dictador no se iría pronto.

Corría el año de 1978, yo trabajaba enseñando y era dirigente nacional de un partido político. Me tenían en el marco. Un día los servicios llamados de inteligencia me cerraron el paso frente al teatro de la Universidad de Chile haciendo un operativo inmenso con metralletas y todo. Me pusieron un trabuco en la espalda, me taparon los ojos con Sellotape y me llevaron a un lugar desconocido donde me tuvieron 8 días desnudo, apaleado a cada rato con todas las de la ley, y castigado con electricidad y todo lo que usaban estos caballeros de tortura.

Un viernes por la noche me fueron a botar a una cárcel de Santiago con cargos de asociación ilícita y de agente de potencia enemiga. Días más tarde me llevaron a la penitenciaria  donde tuve una gran ventaja: un sector de la población estaba conformada por reos políticos. Moral y físicamente fue muy importante para mí, porque ingresé muy aporreado, con una hemiplejia del lado izquierdo. Allí los compañeros me atendieron y me ayudaron a sobrevivir. Más tarde como una manera de mantenernos activos mentalmente, hicimos, dentro del penal, talleres de literatura y filosofía para los presos comunes.

Estuve un tiempo en este lugar y después me soltaron por un rato. La dictadura pedía una condena de 5 años y un día, que finalmente no fue así y tuve que volver a prisión. En una celda de 3×3 vivíamos 17 personas.

Después de mi aprehensión mucha gente y grupos se movilizaron, entre ellos los sindicatos británicos, principalmente el de profesores, The National Union of Teachers y el sindicato de transporte.  Hubo muchas invitaciones para ir a México, Suecia, Bélgica, Francia, pero la decisión de venir a Londres no la tomé yo específicamente sino mi compañera que estaba en Chile muy perseguida también.

Gracias a una presión internacional muy fuerte, a un año de mi captura, la ONU me sacó de prisión para embarcarme en un avión junto con mi compañera y nuestra hija de 8 años rumbo al Reino Unido, dejando allá a dos hijos varones.

En esos años había grandes campañas en Europa y en Inglaterra con dos organizaciones importantísimas, la  Campaña de Solidaridad con Chile y la World University Service (WUS) creados para ayudar a profesionales a salir de sus países en represión.  Precisamente, la WUS otorgó a mi compañera una beca para estudiar en Inglaterra que nos permitió vivir un par de años aquí.  Con la beca pudimos estudiar los dos. Ella realizó una maestría en Lingüística  y yo decidí seguir por el área de las ciencias sociales estudiando Ciencias Políticas en la universidad de Essex. Quería tener un tiempo de reflexión para ordenar mi cabeza sobre la situación política en Chile y tener acceso a bibliografía para seguir ayudando a mis congéneres.

Después de 2 años empezaron las búsquedas de adaptación e integración. Aunque por ese lado nunca tuvimos problemas porque como estudiantes siempre tuvimos conocidos simpáticos y había una diáspora de refugiados políticos de otros países del cono sur que también estaban con dictadura como Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, así como una inmigración económica de otros países latinos.

A principios de los años 80´s esta masa crítica de refugiados nos juntábamos en bares, pubs, universidades y compartíamos el hecho de que cada vez que necesitábamos hacer un trámite legal encontrábamos problemas con nuestras embajadas. Así nace la idea de generar un espacio cultural, político y físico que fuera nuestra casa. Además en esos tiempos  existía un centro Latino que era manejado por ingleses donde nosotros los latinos éramos sólo los que servían el café o hacían el aseo. Nuestra organización también nació como respuesta a aquella y en la primera constitución de la Casa Latina se escribió que la entrada de un inglés como miembro estaba prohibida.

Al local actual nos venimos en el 86, pero en el 80 ya existía una casa de la cultura latinoamericana en King Cross. La Casa Latina estaba conformada por varias organizaciones a la vez que más tarde se independizaron: un servicio legal, una cooperativa de vivienda, un servicio de realización fílmica con equipo de edición de video y cine de 16mm., un par de revistas. La organización de LARWS  originalmente también formaba parte de la Casa Latina.

Con la autonomía de las organizaciones esto se fue transformando paulatinamente, quedando un poco abandonado y se tuvo que cambiar un poco su dinámica. Sin embargo en los 90’s, con la crisis social y económica en Inglaterra, el sector del voluntariado también encontró dificultades y las organizaciones se fueron atomizando. Hubo una disputa histórica entre refugiados e inmigrantes de la misma comunidad latina. Hubo mucho lumpen que tratando de tomar ventaja de las cosas desaparecieron los equipos de filmación y todo el material. Esta situación llevó a la organización a un nivel bastante precario.

Durante este tiempo mucha gente se alejó, entre ellos yo mismo. El periodo coincidió con un largo viaje de exploración en América Latina que duró 6 años. Viví y trabajé para el gobierno en Chile. También fui director de comunicaciones de Green Peace para el cono sur y viví en Bolivia y Colombia. ¿Por qué volver al Reino Unido? Las razones son muy simples: políticamente mi país me era desconocido en ese momento, mi economía personal se había deteriorado bastante y la más importante, mi compañera y mi hija estaban en el Reino Unido.

A pesar de mi partida siempre guardé un contacto con la organización y al volver en el 2000 y ver el  estado en que estaba la Casa Latina hice una reunión en mi casa con gente que había estado en el proyecto, y ahí empezamos a conspirar para retomar las riendas y limpiar las finanzas. Apoyamos la dirección de Javier Sánchez, un boliviano y Sergio Navarro, un mexicano. Yo me incorporé al comité directivo. Más tarde fui nombrado presidente nuevamente y desde entonces llevó 6 años en la posición.

Actualmente la casa está en un pie firme, hemos logrado algunas cosas estratégicas. Las finanzas están saneadas, el edificio de la casa es definitivamente nuestro. Se consolidaron algunos proyectos como LESAS (Servicio legal), el Learning Centre, la Nursery y se han creado otros como la revista  Ventana Latina que es parte de un departamento de cultura que hace 2 o 3 años comenzó a tomar forma de nuevo.

Los desafíos son grandes, porque tenemos que ser capaces de responder a las nuevas demandas de una comunidad latina que crece y se diversifica. Lo que estamos haciendo ahora es un plan estratégico de desarrollo en un periodo 3 a 5 años del proyecto Casa Latina para sintonizar y armonizar los grandes objetivos de la organización con los de los distintos proyectos. Es un gran paso.

Personalmente yo creo que me voy a morir en Europa, pero ya no como un exiliado porque el exilio ya no existe. En esta decisión interviene mi voluntad. Tengo cosas que hacer que he dejado de lado y ya no tengo 25 años. Tengo que priorizar, necesito escribir cosas, hacer  montones de lectura.

A pesar de los momentos difíciles veo la vida muy positiva. Creo que he sido beneficiado con la oportunidad de conocer otras cosas. Cuando era joven, la gente que viajaba y conocía otros mundos era aquella con mucho dinero. Ese no era mi caso, ni el de mi familia, de manera que me siento satisfecho de haber podido conocer América Latina a través de la Casa Latina primero, porque es aquí donde empecé a conocerla. En la comida del domingo conocí las tortillas, el guacamole, la cocina peruana, los escritores, la música. En ese sentido ha sido muy positivo. Además tuve la oportunidad de vivir en este país que me ha dado mucho, posibilidades y grandes oportunidades.

Fotografía cortesía de Miguel Mercado.

 

La revista, Mi historia

About the author

Adriana es Directora de Ventana Latina desde 2010.
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