La escritura femenina como escape de la realidad

Jan 01, 2013 Comments Off on La escritura femenina como escape de la realidad by

Por Naarai Pérez Aparicio*

En los últimos años se ha discutido mucho sobre la verdadera existencia de una escritura llamada femenina. Se cuestiona la posibilidad de que este postulado pueda ser real o sí solamente se trata de una simple formulación para intentar rescatar las características que pueden ser distintivas, o no, de este tipo de literatura. También se ha criticado esta denominación,  algunas veces catalogada de “machista” puesto que la calidad de un escritor no se basa únicamente en su sexo. Sin embargo, la crítica ha reconocido su imparcialidad en el momento de juzgar una obra escrita por una mujer bajo la excusa de no poder proceder de la misma forma que con una obra masculina. Otro punto de divergencia es la división que este término provoca, pues si se le otorga la nomenclatura escritura femenina, también se debe nombrar escritura masculina al conjunto de obras escrita por los hombres. Nos guste o no, esta designación ha adquirido gran popularidad en las últimas décadas, resultando numerosos estudios y críticas que, aunque a veces parezcan contradictorios pueden, hasta cierto punto, ayudarnos a aclarar la definición del término.

Por lo tanto, cuando se habla de escritura femenina se hace alusión a los textos literarios, o no, escritos por mujeres. En este contexto, uno de los puntos más importantes sería descubrir si verdaderamente existe un ‘lenguaje femenino’ que se diferencie del lenguaje falocéntrico de la sociedad. Un lenguaje que ocasione cambios de estilo, de estrategias y de desarrollo de contextos lingüísticos que sean propicios para la expresión de la mujer. Ya en su época Virginia Woolf condenaba que la mujer no tuviera libre acceso al lenguaje y que no se le permitiera expresar sus sentimientos. Sin embargo, a pesar de que los años han pasado, todavía se resiente ese espacio vedado para las féminas que deciden escribir. Otro punto primordial es la búsqueda de una nueva identidad femenina, es decir, por medio de la escritura, la autora pretende romper con los cánones establecidos y recrear la personalidad de las mujeres alejada de los patrones machistas. Es decir, la liberación y el reconocimiento de la mujer como un ser capaz de sentir, de crear y de inventar mundos nuevos, en los cuales se traten temas de diversa índole con una visión femenina.

Es bien sabido que las mujeres siempre han estado en desventaja con respecto a los hombres, pues la libertad se les ha sido negada desde el nacimiento. Relegadas a su rol de esposas y madres nunca se ha visto con buenos ojos que una mujer escriba, mucho menos que publique. La sociedad falocéntrica ha marginado a las mujeres convenciéndolas de que lo mejor para la estabilidad social es asumir el papel de sumisión que les corresponde. Si alguna de ellas se rebela deliberadamente puede ser discriminada. Lo extraordinario es que en medio de falsos tabúes siempre ha habido mujeres que se arriesgan a escribir y que, aunque no sean reconocidas gocen de ese placer. Escondidas detrás de seudónimos masculinos u ocultándose al escribir, las mujeres siempre han sabido cómo lograr plasmar ese deseo de escribir que las ocupa. Puesto que : “la escritura femenina casi siempre parece ser el espacio de un conflicto entre el deseo de escribir, a menudo muy violento en la mujeres, y una sociedad que manifiesta respecto a este deseo, ya sea una hostilidad sistemática, ya sea de forma atenuada, pero tal vez aún más insidiosa, la ironía o la desvalorización.” (Didier, 1981:11) Conflicto que, independientemente del continente en el cual la mujer decidiera escribir, no fue fácil superar, sobre todo en una Latinoamérica machista en la cual una escritora podía ser tachada de atea, lesbiana, prostituta o comunista.

El deseo de escribir se convierte en necesidad, pues es la única manera de sobrevivir y de existir. Esta pulsión proviene del interior, del cuerpo, del placer y encuentra en los lugares cerrados un refugio y a la vez una fuente de inspiración. A este respecto Didier afirma que: “la escritura femenina es una escritura desde Adentro: del interior del cuerpo, del interior de la casa. Escribir de regreso hacia Adentro, nostalgia de la Madre y del mar. El gran ciclo es el ciclo del retorno eterno.” (1981: 37) De esta declaración se derivan dos características de la escritura femenina, la primera es la figura materna (1), el rol que juega la madre en la obra es primordial para el análisis. La madre simboliza “la seguridad de un refugio, el calor, la ternura y el alimento; sin embargo, también representa un riesgo de opresión debido a la estrechez del medio y a la sofocación causada por una prolongación excesiva de la función de madre y de guía…” (Chevalier, 1982: 624) Esta doble concepción de la madre como protectora y castradora a la vez, matiza las relaciones madre-hija expuestas en ciertas novelas. El segundo símbolo, el cual está muy ligado al de la madre, es el mar, muy utilizado por las escritoras en relación a la experiencia sexual (2) e imagen de la simultaneidad. Simbólicamente el mar está relacionado con el dinamismo de la vida aunque también con la muerte pues “todo sale del mar y todo vuelve: lugar de nacimiento, de transformaciones y de renacimientos […] el mar simboliza un estado transitorio entre las posibilidades todavía informales y las realidades formales, una situación ambivalente, que es la incertidumbre, la duda, la indecisión y que puede concluir bien o mal.” (Chevalier, 1982: 623) El mar incluye también el agua símbolo de la vida, de fluidez, de transformación y de regeneración.

La búsqueda de la identidad es otra característica de la escritura femenina, la escritora trata de encontrar la voz y la palabra, pues ha dejado de escribir de acuerdo a los cánones masculinos y ha dejado de copiar el lenguaje “aceptado” que utilizaba para demostrar su calidad de escritora. En la actualidad puede expresarse de manera original por medio de la estructuración de los personajes y de sus actitudes, también por la transmisión de ciertas ideas existenciales o filosóficas, y por medio del autodescubrimiento, de esta manera la novelista intenta la autoafirmación de su personalidad. Para lograr esta premisa, generalmente, escribe sus memorias o su autobiografía, o simplemente integra elementos autobiográficos en sus obras, también suele incluir la significación y el proceso del acto de escribir para intentar descubrir el cómo y el porqué de este arte. De esta forma, la mujer encuentra un nuevo espacio de libertad, dentro del cual puede escapar de la realidad: la escritura.

 

Fuentes:

Chevalier, Jean; Gheerbrant, Alain (1982) Dictionnaire des  symboles: mythes, rêves, coutumes, gestes, formes, figures, couleurs, nombres, Paris, Robert Laffont/ Jupiter

 

Ciplijauskaité, Biruté (1988), La novela femenina contemporánea (1970-1985). Hacia una topología de la narración en primera persona, Barcelona, Antrophos

 

Didier, Béatrice (1981) L’écriture femme, Paris, PUF, collection “Écriture”

 

1. A este respecto Chevalier aclara “que el simbolismo de la madre se relaciona tanto con el mar, como con la tierra, dentro de la significación de que ambos son receptáculo y matriz de la vida. El mar y la tierra son símbolos del cuerpo materno. (1982 : 625)

 

2. Ciplijauskaité dice al respecto que “[…]la experiencia sexual no pocas veces –¿será coincidencia?- va relacionado con la pasión por el mar” (1998: 173)

*Naarai Pérez Aparicio es Profesor en Literatura de América Latina, Civilización y Español como lengua extranjera, en la Universidad Paris Ouest Nanterre la Défense. Además es Doctorante en Lenguas y literaturas romanas: Español.  (Langues et littératures romanes: Espagnol) en la Universidad Paris Ouest Nanterre en co-tutela con La Universidad Autonoma de Barcelona.

 

 

Especial Mujeres, La revista

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