PALABRAS ERRANTES: Voces de la ciudad venezolana

Feb 06, 2013 Comments Off on PALABRAS ERRANTES: Voces de la ciudad venezolana by

Por Rebecca Jarman*

Fotografía de Reinaldo Odreman, cortesía de Palabras Errantes

En agosto del 2010, el New York Times publicó un artículo cuyo título declaraba ‘Venezuela, más mortal que Iraq’. Bajo el titular sensacionalista, Simon Romero, el autor, comparó la tasa anual de muertes civiles en Caracas desfavorablemente con la de Bagdad, llegando a la conclusión que los habitantes de la capital venezolana se sentirían más seguros viviendo en un país destruido por una guerra internacional que en su ciudad natal caribeña. La comparación se difundió inmediatamente por Twitter y a través de la blogosfera; aun hoy el paradigma Caracas-Bagdad se usa como un punto de referencia abstracto que sirve para introducir cualquier ensayo periodístico sobre Venezuela. No sería ni la primera ni la única vez que el país recibiría tal tratamiento provocativo de la prensa internacional.  En julio de 2007 la revista The New Statesman publicó en su portada una imagen de Hugo Chávez vestido como el diablo, y una descripción de la ‘guerra fría’ nacional que ahora divide a Venezuela en dos. El diario británico The Guardian publicó un documental visceral que trata de ‘La ciudad más violenta de Venezuela’ en el 2011 que ha recibido hasta ahora casi 100,000 visitas en YouTube, mientras que la revista  The Economist apodó al presidente ‘Hugoliath’ y Venezuela ‘el lugar más peligroso de Latinoamérica’ durante la campaña presidencial del 2012.

Para el lector de la prensa anglófona, no es fácil evitar los temas dominantes del chavismo y la inseguridad en la Venezuela del siglo XXI. Hace unos quince años la imaginación occidental de Venezuela se limitaba a los estereotipos mediáticos del petróleo, del beisbol y de las misses. En nuestra época supermoderna, nuestra perspectiva de Caracas ya está determinada por un grupo selecto de periodistas con intención de crear noticias: Venezuela se ha visto reducida a una serie de imágenes violentas y polarizadas, hasta llegar a ser no más que un territorio aplastado por la muerte y la destrucción. Nosotros creemos que tal representación desmiente la complejidad de la vida cotidiana venezolana, además de retomar la táctica postcolonial de situar el país remoto caótico como un infierno tropical en alto contraste con las orillas templadas de la isla británica (aunque sea inconscientemente). No dudamos que las noticias actuales que salen de Venezuela tengan importancia global, pero también proponemos que el enfoque estrecho de la perspectiva internacional distrae de otras preocupaciones igualmente pertinentes a la realidad contemporánea. Uno de los movimientos culturales más activos ahora en Venezuela es la escena literaria nacional, que en su pluralidad ofrece múltiples ángulos de espacios vibrantes en movimiento perpetuo. Esta multiplicidad informa la última edición de Palabras Errantes, ‘Voces de la ciudad venezolana’.

El proyecto comenzó a finales del 2011 con una selección de textos encontrados en blogs de ficción venezolana. De ahí, creció de una forma orgánica a través de varios tipos de sugerencias, recomendaciones, y donaciones textuales. Para octubre de 2012, ya habíamos juntado trabajos de veinte autores, cada uno con una voz distinta. Nuestros escritores son de dos generaciones, algunos de ellos recién entrados al ámbito cultural; por ejemplo, Enza García nacida en 1987, ya tiene tres libros publicados y ha recibido numerosos premios literarios. Otros están reconocidos a nivel internacional: Alberto Barrera Tyzka recibió mención en el Premio Independent de Ficción Extranjera con su novela La enfermedad dos años atrás. Notablemente, nuestros colaboradores y traductores son nativos, compatriotas, habitantes, residentes, y migrantes de docenas de ciudades distintas, venezolanas en su mayoría pero también extranjeras, cada quien con vidas diferentes y trabajando con visiones distintas. Por eso entendemos ‘la ciudad venezolana’ no como una sola entidad de articulaciones concretas, sino como una dimensión efímera hecha por diversos tiempos conjuntos y puntos intangibles que se transforman al momento de encontrarse. No tratamos de ofrecer una visión definitiva de lo que es Venezuela y lo que pueda ser la literatura venezolana, sino tratamos de escuchar el susurro de las voces que a veces son harmoniosas, a veces discordantes, a veces intentando llegar hasta al otro lado.

Para esta edición, Palabras Errantes ha traducido veinticinco textos que incluyen cuentos, poemas y fragmentos de novelas. Unidos esporádicamente bajo la bandera de la literatura urbana, los textos muestran grandes diferencias en su contenido, estilo, y actitud. A primera vista, la extraña fantasía de Federico Vegas que sigue los pasos de Freddie Mercury saliendo en los bares gay de Caracas tiene poco que ver con el cuento amoroso de Gabriel Payeres ‘Nagasaki (en el corazón)’ que narra la relación ilícita entre un profesor universitario y su estudiante japonés en la ciudad de Mérida. Pero a pesar de sus diferencias iniciales obvias, una lectura paralela de los textos diversos revela varios hilos de pensamiento que corren por las narrativas que hemos escogido. Así nombramos cinco temas para agrupar los textos de una manera coherente pero suelta: la domesticidad, la excentricidad, la toxicidad, la atrocidad y la fugacidad.

Nuestras narrativas domésticas penetran en el lugar más íntimo de la ciudad, detrás del umbral de la casa. Dentro de las cuatro paredes que conforman el pent-house, el bloque, y el rancho, las vidas de sus habitantes se juntan y se separan, comienzan y terminan. El uso de la excentricidad como una herramienta estilística que expone la esfera domestica mundana al capricho de la fantasía y el horror hace que la experiencia urbana sea un sueño, o más bien una pesadilla. Afuera, por las calles, en los bares y las discotecas, los textos se embriagan con los vapores tóxicos de la ciudad y su vida nocturna. La narrativa está ebria con amor y exceso; sus acontecimientos y sus caracteres se mueven al ritmo errático del goce y de la rumba. Ya el tiempo no conforma a las reglas estrictas del horario normal. De la narrativa tóxica pasamos a la narrativa atroz. Son textos que tratan de lo horroroso de la ciudad; aquí sobresalen sentimientos de agresión y angustia, pero también los de esperanza y (en algunos casos) de salvación. Estas narrativas peatonas exploran las consecuencias antropomórficas de los males sociales, tratando de entender lo bárbaro y lo salvaje de la cultura urbana. Por último, la fugacidad: puntos efímeros de escape.  En la literatura, dejamos nuestros lugares de origen, buscamos un ámbito secreto y procuramos nuevos comienzos pero siempre soñamos con la posibilidad del regreso. En la ciudad, la ausencia invade nuestra subconsciencia y se apega a nuestras nociones de la identidad, formándolas desde la nada.

Así completamos el ciclo, por los saltos y las vueltas del laberinto urbano, y llegamos hasta donde partimos. Los sentimientos de pertenencia se yuxtaponen con los de exclusión e inseguridad, siempre ofreciendo una compasión y una empatía a la ciudadanía que convence mucho más de la que vemos en las imágenes de los medios de comunicación. Para los de Palabras Errantes, la navegación de estos textos ha sido toda una aventura, comparable quizás con la experiencia de llegar a una nueva ciudad por primera vez. Con la instrucción de nuestros autores y el talento de nuestros traductores, pudimos dar paso y de ahí seguimos avanzando. Trazando cuentos de La Guaira a Sabana Grande, de Los Palos Grandes a Coche, hemos recorrido un paisaje urbano ancho y muy variado. El viaje ha provocado mucha emoción y mucha reflexión, además de proveer momentos de crítica y de preocupación. Esperamos que este viaje continúe. En fomentar un diálogo con nuestros lectores luego de abrir el debate entre autores y traductores, Palabras Errantes promueve la excitante posibilidad de proseguir la exploración de los espacios literarios de la ciudad, y amplificar las múltiples voces que ofrece.

*Rebecca Jarman es editora de ‘Voces de la ciudad venezolana’

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About the author

Adriana es Directora de Ventana Latina desde 2010.
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