El último meandro del río: La Primera Nación Huaorani sobrevive del eco-turismo en la Amazonía de Ecuador

Apr 01, 2013 Comments Off on El último meandro del río: La Primera Nación Huaorani sobrevive del eco-turismo en la Amazonía de Ecuador by

Textos y fotografías de Julio Etchart

Ewene empuja el remo de su canoa que traversa las barrosas aguas del rio Shiripuno en el corazón del Parque Nacional Yasuni en la Amazonia Ecuatoriana. Estamos en camino a la aldea de Quehueri’ono, donde me han invitado a dar un taller sobre periodismo audiovisual en un centro de aprendizaje para la juventud recién inaugurado.

Esa mañana, nuestro guía nos había dado una clase maestra sobre botánica lugareña, mostrando los secretos de la floresta tropical durante una dura caminata de más de cinco horas. En pocos metros cuadrados de selva primaria nos enseñó plantas y cortezas que pueden curar malestares estomacales, todo tipo de fiebres, y hasta una que se puede utilizar contra ciertos tipos de cáncer.

También presenciamos una maravillosa variedad de pájaros, desde coloridos tucanes, a docenas de diferentes tipos de colibrís, e incluso un raro espécimen de águila arpía

La increíble biodiversidad de ese jardín encantado es realmente asombrosa, pero corre el riesgo de desaparecer muy pronto. Estos mágicos entornos están lamentablemente asentados sobre grandes reservas de petróleo crudo, cuya explotación ya ha afectado otras zonas de esta región.

El gobierno del Ecuador, apoyado por las comunidades indígenas locales, lanzó hace cinco años una pionera iniciativa, decidiendo no explotar esa riqueza mineral a cambio de apoyo financiero internacional. Lamentablemente, esa propuesta no ha aún atraído suficientes fondos, que se deberían utilizar apoyando a los grupos nativos y dando alternativas a la deforestación que plaga a la vasta comarca.

En la aldea han construido un anexo a la pequeña escuela que cuenta con un maestro ecuatoriano y voluntarios internacionales. Dinero y equipos generosamente donados por escuelas inglesas han ayudado a instalar un laboratorio informático, alimentado por energía solar, donde los jóvenes de la tribu están aprendiendo a documentar su estilo de vida, en peligro de extinción, para que quede grabado para la posteridad.

Estoy rodeado por un grupo de jóvenes entusiastas que están igualmente interesados en aprender el último lenguaje de multimedia como en preservar sus antiguas tradiciones para futuras generaciones.

Este rápido pasaje de la Edad de Piedra a la del Twitter es una ocurrencia periódica de mi propio viaje, que comenzó al revés cuando me alejé del tráfico de Quito siguiendo sinuosas carreteras que descienden de la capital andina a los valles tropicales y terminan en la ciudad amazónica de Shell. Como su nombre lo señala, es el centro de la industria petrolera de la selva, y está rodeada de ríos poluídos y bosques destruidos para construir enormes tuberías que llevan el ‘oro negro’ a otras partes del país.

De ahí, un corto vuelo en avioneta nos acerco a centro del Yasuni, desde donde seguimos  en canoa el resto de nuestro trayecto.

Soy huésped del Huaorani Eco-Lodge, una empresa turística alternativa que ofrece una cálida hospitalidad en un ambiente dirigido y mantenido por personal local. La idea original de desarrollar un hotel ecológico en el medio de la floresta proviene del cacique Moi Enomenga, quien es conocido por editores de noticias desde que apareció en un programa de la NBC TV hace unos años durante su lucha para proteger a sus tribus de las multinacionales del petróleo. Moi luego se convenció de que el eco-turismo, explotado responsablemente y organizado por ellos mismos, puede ser una alternativa viable para la economía de la región.

El proyecto fue desarrollado por una asociación eco-turística compuesta de varias comunidades indígenas y apoyadas por Tropic, una agencia de viajes ‘verdes’ basada en Quito.

El grupo quería que este lugar fuera diferente. Las prioridades eran bajo impacto ambiental y mucha participación local. Las maderas para construir las cabañas fueron elegidas por los propios Huaoranis en conjunción con un ingeniero forestal y miembros de las diferentes aldeas han sido involucrados en la construcción y manutención del complejo. Todas las viviendas se energizan con paneles solares y se utilizan materiales biodegradables para la limpieza de las habitaciones.

El programa incluye paseos educativos a la floresta y visitas a las comunidades para ver y aprender sus técnicas artesanales y estilo de vida.

Me encontré con Moi en mi ultimo día de estadía. El ha viajado por el mundo ‘exterior’ y dado charlas y aparecido en libros y TV, denunciando a las petroleras y promoviendo la alternativa ecológica. Le pregunto si la propuesta del gobierno de mantener ese rincón del parque Yasuni es viable:

‘Realmente no creo que el plan del gobierno pueda triunfar a la larga, pues hay mucha presión de las industrias del petróleo. Por eso es que queremos desarrollar y ampliar esta opción del eco-turismo, para mostrar al mundo que hay una alternativa a la destrucción de nuestras tierras”, responde el cacique.

Los voluntarios internacionales en la aldea están de acuerdo con él:

“La única opción para los Huaoranis es de incrementar la oferta eco-turística, no sólo para traer ingresos, pero para exponer sus problemas al mundo” me dice Jessie, una joven estudiante norteamericana cumpliendo un año sabático.

Me topo también con un profesor chileno que ayuda en la escuela y otra estudiante británica que asiste a los alumnos con un censo botánico y datos sobre promedios de pluviosidad.

Esos esfuerzos están bien vistos por los indígenas: “Han traído un soplo de aire fresco a todos nosotros” me asegura Anita, la hija de nuestro guía Ewene, y una estudiante destacada de la escuela.

“Todos conocemos los pueblos petroleros de las proximidades y vemos el desprecio con que tratan a los nativos Huaorani; sólo están interesados en dinero y ‘desarrollo’, o sea, ¡nuestra destrucción! El haber conocido a los voluntarios nos ha dado fe en otras alternativas de vida y en el resto del mundo”.

Es un poderoso comentario para una joven de 16 años y una advertencia imperiosa que las poderosas fuerzas de las multinacionales están no tan lejos de este pequeño paraíso. Soy testigo de ello en mi viaje de regreso por canoa, hasta la carretera que nos lleva a la ciudad de Coca, el eje de transportes de la región.

Nuestra embarcación avanza sinuosa por las ociosas aguas del Shiripuno, cruzando las vírgenes tierras Huaoranis, el silencio roto sólo por serenatas de pájaros que compiten con sus melodías de una orilla a la otra.

Pero un tipo diferente de sonido nos comienza a invadir desde la distancia, y en el último meandro del rio antes de llegar a destino, una visión dantesca de camiones expulsando sus gases de escape anuncia nuestro violento retorno a la Edad de Twitter.

www.julioetchart.com

 

 

Especial Eco Warriors, La revista

About the author

Adriana es Directora de Ventana Latina desde 2010.
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