Entrevista a Patricio Guzmán, cineasta de la memoria

Apr 01, 2013 Comments Off on Entrevista a Patricio Guzmán, cineasta de la memoria by

Por Marilyne Buda

Nacido en Chile en 1941, Patricio Guzmán elige muy temprano el cine documental como medio de expresión. Testigo entusiasta del periodo de la Unidad Popular, el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 lo obliga a dejar el país tras un corto encarcelamiento. Hasta el día de hoy, ha dedicado su vida a su objetivo principal: profundizar el tema de las dictaduras restableciendo la verdad histórica.

Fotografías gentileza de Patricio Guzmán

Ventana Latina: Patricio, ¿por qué elegiste el cine documental?

Patricio Guzmán: En los años 50 y 60, me tocó ver en Chile algunos documentales que me gustaron mucho y me decidieron a dedicarme al documental, como Estados Unidos visto por un francés de François Reichenbach, Morir en Madrid de Frédéric Rossif, Mein Kampf de Erwin Leiser, o incluso películas más livianas como El mundo del silencio del Comandante Cousteau. Pensé que ese tipo de cine, que no tenía actores sino personajes de la vida real, era el que más convenía a mi personalidad y a mis deseos, y a partir de ahí no me he apartado nunca del cine documental. Primero estudié en Santiago, luego en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid.

VL: ¿Qué diferencia hay entre el documental y la ficción por un lado, el reportaje por otro?

PG: El cine documental se diferencia de la ficción porque cuenta una historia real con los mismos materiales de la realidad. La diferencia entre el cine documental de autor y el reportaje se debe a una cuestión de tiempo: el reportaje generalmente tiene  un plazo de entrega mucho menor que el documental, el reportero tiene que buscar soluciones rápidas y prácticas, hace preguntas directas. Para el cine documental, uno tiene más tiempo para desarrollar la idea, más tiempo de rodaje y por lo tanto hay más posibilidades de utilizar metáforas, alegorías, símbolos. A veces uno tarda años en hacer un documental. Permite un terreno de cocina creativa además de la búsqueda de información, y hay una posibilidad de llegar más al fondo de un problema. Pero hay grandes reportajes y malos documentales, todo depende de la persona que lleva la cámara.

VL: Tus obras más conocidas tienen como tema la dictadura de Pinochet, ¿de donde surgió la necesidad de hablar de ese periodo de la historia?

PG: Yo viví intensamente el momento de la Unidad Popular en Chile, y me pareció un momento extraordinario, con un compromiso enorme entre el pueblo y Allende, una confianza en su gobierno y una participación ciudadana inéditas, y sobre todo, vi aparecer un concepto que antes no existía, la solidaridad entre la gente. Ese movimiento social fue aplastado de una manera injusta y completamente desigual, porque esta masa popular no tenía armas, y sobre ella cayó un ejército muy bien preparado que hizo pedazos no solamente a este movimiento social pero también al aparato de Estado chileno que había costado 200 años de trabajo. Entonces esta indignación que siento me ha marcado para siempre, he tratado de profundizar y de tocar todos los temas que conciernen este atropello de un ejército contra su pueblo. Y es un tema universal, lo cual me da mucha fuerza para seguir adelante.

VL: ¿Se puede decir que tu cine es militante?

PG: Me da exactamente igual. Hay personas que se preocupan cuando les dicen que son militantes porque parece que es una palabra descalificativa, entonces dicen que su un cine es crítico, de análisis social, subversivo… Pero lo que más me interesa no es que me digan militante o no, sino que una película me quede bien y que sea bien acogida por el público.

VL: Y justamente, ¿cómo los chilenos acogen tus películas?

PG: Hay un problema importante: la distribución de las películas documentales en Chile es muy mala, porque la televisión chilena, técnicamente excelente, es completamente mercantil y no difunde documentales. La mayor parte de los documentales no tienen una distribución masiva, sino una distribución parcial, amateur, alternativa, lo cual es interesante pero no basta. Salvador Allende fue mi única película que se estrenó con buena propaganda y en quince cines. Hizo 65.000 espectadores, y Nostalgia de la luz apenas unos 10.000, mientras que en Francia hizo 70.000.

VL: ¿Se habla con más facilidad de este periodo hoy en Chile?

PG: Difícilmente. El poder de las editoriales, de los canales de televisión y de la prensa está en manos de la derecha, que no quiere que se recuerde porque no quiere que se hable de lo que cometió. El periódico El Mercurio, por ejemplo, negó la desaparición de personas, negó la tortura y ayudó a Pinochet. No existe un medio de comunicación de izquierda o de centro que sea importante. Entonces hay un archipiélago de personas que en organizaciones pequeñas, ONGs, barrios, trabajan la memoria. El movimiento estudiantil reivindica la memoria, y la figura de Allende es una figura que está flotando, que existe. Pero como dice Pablo Larraín, “Chile vive encima de una herida”, y hay una gran cantidad de personas que viven en el aire.

VL: ¿Qué evoca la palabra memoria para ti?

PG: Pienso que la memoria es un concepto muy práctico, no es un concepto universitario, filosófico. Es un derecho que la sociedad moderna ha adquirido: un país con buena memoria hace mejores negocios, mejor turismo, mejor cine, mejores relaciones internacionales. La memoria lo consigue todo, hace que un país crezca mejor. Es una práctica colectiva inmediata, tan concreta como un ladrillo, un zapato.

VL: ¿Qué piensas de la manera en que los países latinoamericanos enfrentan su pasado?

PG: El gran ejemplo lo dio Kirchner: Argentina puso en la cárcel a los responsables y creó un verdadero campus de la memoria en la ex Escuela de Mecánica de la Armada. En Chile se ha obtenido que el 40% de los casos de violaciones a los derechos humanos sean juzgados, pero falta el 60% y es mucho, sobre todo que han pasado veinte años de transición. Uno se pregunta por qué la justicia chilena es tan lenta, y llega a la conclusión que no hay una voluntad política. Hasta hoy los presidentes no tuvieron esa voluntad, esperemos que el próximo la tendrá. Actualmente Uruguay está mal, y en Brasil y Guatemala es peor aún. Pero hay que continuar, la memoria es un tema de largo aliento, en el cual se avanza muy lentamente. Yo pienso que el golpe de Estado gravitará durante cien años en Chile, y que La batalla de Chile será difundida en el mejor horario cuando todos estemos muertos.

VL: ¿Qué lugar tiene el tema dictadura en el arte chileno actual?

PG: Mucha gente está trabajando, entre ellos nuevos historiadores que están haciendo una revisión del periodo Allende, Pinochet, y reescribiendo una gran parte de la historia del país. Hay compañías de teatro que montan obras sobre la memoria, como las de Alfredo Castro y Guillermo Calderón. Y también hay varios documentalistas que se apasionan por el tema, aparte de mí.

VL: Vives desde hace mucho tiempo fuera de Chile…

PG: Sí, tengo 71 años, y he vivido más tiempo fuera de Chile que dentro. No me causa ninguna preocupación especial. Creo que cada uno de nosotros lleva una mochila, y en esta mochila, que está unida a tu cuerpo, van los principales recuerdos de tu vida.  No se va nunca esto que llevas adentro, aunque vivas en otro país. Tienes varias identidades que vas sumando: yo viví en cuatro países, Chile, Cuba, España y Francia, pero el primero es el que más me marca y no lo puedo olvidar nunca. Salí porque tenía que salir para hacer mi película La batalla de Chile, y difundirla, para contar qué había pasado.

VL: ¿Y cuándo saliste?

PG: Me fui a finales de 1973. Pedí un pasaporte común y corriente y me lo dieron, a pesar de que yo hubiera estado dos semanas en el Estadio Nacional: a principios de la dictadura, el Estadio Nacional y la oficina de pasaportes no estaban conectados y para ellos yo no tenía antecedentes penales. Estuve dos semanas en el estadio, tuve mucha suerte porque me soltaron cuando el estadio estuvo lleno. Soltaban a la gente que consideraban menos importantes. Los demás, los llevaban a Chacabuco en el norte o los mataban.

VL: ¿Por qué te arrestaron?

PG: Yo no alcancé a ser militante de ningún partido. Me arrestaron por delación, una de las cosas más siniestras de las dictaduras. Yo tenía el pelo muy largo, una barba muy grande, y mis amigos de La batalla de Chile, con los cuales nos juntábamos siempre en casa, eran iguales. La señora que vivía en el piso superior nos denunció. La policía se llevó todas mis películas, pero el material para La batalla de Chile lo tenía escondido, pues nunca supieron lo que yo estaba haciendo.

VL: Muchas gracias, Patricio. Una última pregunta: ¿tienes nuevos proyectos?

PG: Sí. Por primera vez en treinta años el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes chileno me dio una subvención, y por otra parte el Centro Nacional del Cine francés también me la dio. Voy a filmar una película sobre el agua en el sur de Chile, donde se encuentra el archipiélago más grande del mundo. Filmaré en el próximo verano chileno, y tardaré como un año más en montarla. Falta para que esté en las salas de cine, pero estoy muy contento.

 

La entrevista, La revista

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