Toulouse, Francia: encuentro con el cine latinoamericano

May 09, 2013 Comments Off on Toulouse, Francia: encuentro con el cine latinoamericano by

Por Selma Ortiz

En los festivales de este tipo, cada año se espera la mirada latinoamericana, se espera lo que se ha filmado en los últimos meses y también con qué estilo se muestra cine, política y sociedad sin reproducir recetas comerciales. A fines de marzo, la ciudad francesa de Toulouse abrió los espacios de su cinemateca, del cine ABC, del Instituto Cervantes, de su Escuela de Audiovisuales y varios otros lugares, para dar cabida a la versión vigésimo quinta de los “encuentros con el cine latino”. Un público debidamente habituado a la muestra planteaba, sin embargo, un desafío a cineastas que se proponen escapar de estereotipos ya manidos, por medio de estéticas originales.

Marcela Lordy, una joven de Sao Paulo que ha seguido estudios de cine en Brasil y Cuba, presentó su film Ouvir o rio (Oir el río, 2012). Se trata de una escultura sonora de grandes caudales de agua brasileños. Un equipo de exploradores acústicos recorre el país en busca de murmullos, oleajes y estruendos producidos por el agua. De vuelta en el estudio, trabajan asombrados y alegres sus grabaciones y poco a poco cobra forma e imagen la realidad de un país donde el agua majestuosa canta, rompe en las cataratas del Iguazú o inunda aldeas indígenas allí donde se instaló una represa. La directora afirma que el descubrimiento de un mapa sensorial y ecológico de Brasil dictó la edición de su documental.

Juan Diego Kantor, nacido en Roma, estudió en la Escuela Provincial de Cine y TV de Rosario, Argentina. Terminó también en 2012 su documental Buscando al huemul. El huemul es conocido como el ciervo de los Andes, especie autóctona en vías de extinción. Con el dato de que su huella mide entre siete y ocho centímetros, Ladislao, un joven de origen mapuche y su fiel amigo Nazareno emprenden la búsqueda del animal, a 25 kilómetros de Bariloche, por las montañas de la Patagonia. Este film es lento y el paisaje mismo es otro personaje, árido y grandioso, callado, ante una cámara fija. El viento silba. La pareja Ladislao / Nazareno se comporta a ratos como Vladimir y Estragón en Esperando a Godoy. Seres de oficios estacionales, como cuidar caballos, talar, curtir cueros, pasear turistas, son novedad para los propios argentinos – dice el director – “que le dan la espalda a este mundo”. Cuatro personas del equipo fílmico acompañaron a los tenaces buscadores del huemul, tratando de no estorbar. No lo vieron, pero midieron algunas huellas.

Matías Piñeiro, realizador argentino, ha creado una película novedosa llamada Viola (2012), que en Toulouse se encuadró dentro de la categoría “Otra Mirada”. Buenos Aires se ve hermoso, más todavía desde la bicicleta de Viola, que reparte videos de música llamando a las puertas y anunciando con acento porteño: “Viola, de Metrópolis”.  Una M que ella saca en relieve con un cuchillo de una papa pelada, le sirve, untada en tinta roja, como timbre distintivo para la industria que tiene en casa con su novio. Pero de estos detalles personales perfectamente fotografiados, el juego del director pasa a hacerse en un escenario donde un conjunto de actrices aborda Noche de Reyes, de Shakespeare. Todas son bellas, todas hablan bien el verso quebrado, todas comprenden los matices del sentimiento y la cámara que casi las toca es tan convincente que un espectador puede acabar creyendo a pie juntillas que en sus propias vidas se replica la trama de la comedia del amor, la eterna. “Porque somos lo que se nos ha hecho que seamos”, dice la Viola de Shakespeare, desde su atuendo de muchacho.

El continente latinoamericano representado en la muestra de cine de Toulouse también tenía otra importante categoría: “Migraciones”. A medio camino entre realidad y ficción, el cine reciente es intimista y político cuando lleva al espectador al universo particular de los que emigran, por la razón que sea.

Ulises, de Oscar Godoy, co-producción chileno-argentina, presenta la historia de un profesor de historia peruano que busca empleo en Chile. La presión económica lo lanza a un cotidiano marcado por la soledad, la dureza de labores como las que hace en un matadero y la inalterable discriminación racista que se sufre en Santiago. Un mundo al que también se le vuelve la espalda.

La violencia y la falta de oportunidades que hacen huir a muchos habitantes de la costa del Pacífico en Colombia, marcan el sello de uno de los desplazamientos más grandes del país. Según el realizador Juan Andrés Arango, Bogotá pasó de ser una ciudad “blanca” hace apenas 15 años, a ser una ciudad mestiza. Su película La Playa DC (barrio de la capital muy distinto a un paisaje del litoral), presenta una cartografía de los “afros” dentro de la ciudad donde Tomás, el protagonista (son actores no profesionales) debe aprender a sobrevivir mientras busca a su hermano, extraviado y drogadicto. Hay música, ritmo, visualización del afro-descendiente reducido a marginal urbano.

Un aluvión de películas latinoamericanas podría dejar una sensación dominante de miseria, injusticia y fatalismo. Es mejor pensar que más bien influye la elección hecha por cada espectador que…busca lo que quiere ver y punto. Siempre habrá algo que se pierda, es inevitable. Por ejemplo, un simpático film de animación uruguayo de Walter Tournier, titulado Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe. Las aventuras del joven e indisciplinado pirata escocés abandonado en las islas de Juan Fernández, mantuvieron atento a un público de niños de escuela en Toulouse. Fueron ellos quienes hicieron las preguntas más inteligentes registradas durante toda la temporada de proyecciones y coloquios.

 

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