Ribeyro : Arrinconado entre dos Mundos

Jul 17, 2013 Comments Off on Ribeyro : Arrinconado entre dos Mundos by

Introducción (por Álvaro Moliner)

Pese a ser uno de los mejores cuentistas latinoamericanos del siglo XX, Julio Ramón Ribeyro Zúñiga (Lima, 1929-1994) no goza de la popularidad de Borges o de su compatriota Vargas Llosa (con el que tuvo más de una desavenencia por cuestiones políticas), tal vez por haberse mantenido al margen del fenómeno editorial llamado Boom latinoamericano que puso en el mapa intelectual a un grupo heterogéneo de escritores desde México hasta Argentina en los años 50 y 60. Después de estudiar Letras en Lima, y de viajar por Europa, Ribeyro fue profesor de universidad en Perú y embajador de la UNESCO, pero sobre todo un escritor incansable. Su vasta producción de relatos recogida en los cuatro volúmenes de La palabra del mudo (algunos memorables como Los gallinazos sin plumas, El alienado o Sólo para fumadores) se consideran como obras maestras del género por su dominio del lenguaje y su capacidad para retratar distintos ámbitos sociales con una visión irónica y precisa. Su obra se extiende también por los terrenos de la novela, ensayo y teatro. Entre los reconocimientos a su labor se encuentran el Premio Nacional de Novela (1960) y el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (1994).
En este artículo, el escritor peruano Gunter Silva nos habla de Alienación, una obra imprescindible para conocer a Ribeyro y su universo. Gunter Silva es licenciado en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Santa María La Católica de Perú y autor de “Crónicas de Londres” (Atalaya, 2012).

 Ribeyro : Arrinconado entre dos Mundos (por Gunter Silva)

En el cuento ‘Alienación’ de Julio Ramón Ribeyro uno encuentra al personaje principal Bobby López, en una metamorfosis constante. En su búsqueda por convertirse en otro ser, Bobby mata al peruano que lleva adentro y saca al gringo de tele que lleva en la imaginación. Ribeyro nos cuenta: «A pesar de ser zambo y de llamarse López, quería parecerse cada vez menos a un zaguero de Alianza Lima y cada vez más a un rubio de Filadelfia» A través del cuento pues, vemos como Bobby se re-inventa, se plancha y oxigena el cabello, se hace de un guardaropa de segunda mano de marcas gringas, y para colmo de la ridiculez, comienza a talquearse el rostro para verse más ario.
A pesar de esa crisis de identidad evidente y de todo ese derroche de huachafería, uno termina sintiendo simpatía por Bobby, por que mientras él se hace más gringo su gente empieza por separarlo del grupo, «En el callejón, decía su madre cuando venía a casa, le habían quitado el saludo al pretencioso». Ese hombre hecho de retazos gringos se había distanciado enormemente de su clan, de sus amigos, por otro lado, cuando llega a viajar a Estados Unidos, se da con la sorpresa de que la sociedad yankee no lo quiere insertar en su comunidad, que tampoco lo sienten como suyo. En el frío de Nueva York, Bobby deambula con esa sensación de no pertenecer ni aquí ni allá. Ribeyro nos narra su llegada y la de otros tantos emigrantes a la tierra del tío Sam: «La ciudad los toleraba unos meses, complacientemente, mientras absorbía sus dólares ahorrados. Luego, como por un tubo, los dirigía hacia el mecanismo de la expulsión».

Ribeyro, también sufrió en carne propia lo que es estar fuera del propio país, en su caso fue su auto exilio francés. Al comienzo de los años cincuenta vivió en la pobreza más absoluta y en agosto de 1954 ya había expirado su beca, de modo que su situación parecía empeorar. Fue cuando el dueño del hotel donde se hospedaba le ofreció un trabajo de conserje. Me imagino a Ribeyro en los otoños e inviernos parisinos contando unas monedas para hacerse de un libro o un cigarro mientras que con suelas gastadas recorría una ciudad que no le pertenecía y que tampoco pertenecía a sus vecinos: latinos, musulmanes o simplemente árabes de otras nacionalidades. En 1992 Ribeyro regresa a Lima en busca de la ciudad jardín que él recordaba pero después de tres décadas de ausencia, muchas cosas habían cambiado, la ciudad había crecido y los edificios cuadrados y llenos de polvo le ofrecían su peor cara. Ribeyro se encuentra sumido en la nostalgia de una Lima que fue y no volverá a ser la misma, él mismo probablemente es un ser sin sentimiento de pertenencia, un apátrida. Todos sabemos que Bobby muere en combate en un país asiático, la única forma que tiene un mulato de callejón de obtener papeles legales para residir en tierra gringa es ir y pelear por ellos; Ribeyro en cambio, fallece a los pocos años de su llegada al Perú en la ciudad que lo vio nacer. Me preguntó ¿cuántas veces Ribeyro sintió que las ciudades en que vivió no le pertenecían?, ¿cuántas veces el espejo le devolvió la imagen de un zambo talqueado, un incomprendido, suspendido en una ciudad de todos, menos de él? Quizás ser ese eterno forastero, ese eterno inmigrante, fue su única forma de ser feliz y el motor de su escritura.

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Adriana es Directora de Ventana Latina desde 2010.
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