Renata Fernández: La belleza amenazante

Jan 01, 2014 Comments Off on Renata Fernández: La belleza amenazante by

Por Álvaro Moliner

 

Renata Fernández en su estudio de Peckham

Renata Fernández en su estudio de Peckham

Las manos se enredan en los lienzos, los pies torpes tropiezan con las esculturas de yeso y con las figuritas que hay en el suelo, un rayo de luz tímido explota en los cristales traslucidos de los ventanales antes de alcanzar esta selva contenida en el pequeño estudio de Peckham. La regla número uno es no dejar de trabajar y eso se traduce en una fertilidad exuberante que llena el exiguo espacio. Renata lo recalca varias veces durante la conversación, bajo ningún pretexto se puede detener el flujo de creación. Las imágenes que llegan a ella durante su vida cotidiana penetran los poros de las telas dando lugar a una continua mutación que no cesa. En cualquier lugar puede aparecer el estímulo que le conduzca a un nuevo escalón en ese ascenso hacia el siguiente nivel: una fotografía del periódico, un anuncio publicitario, el paisaje urbano, así poco a poco los motivos iniciales van dejando espacio a otros nuevos que ganan fuerza.

La obra de Renata Fernández es una selva que ha cobrado vida propia y que se ha desarrollado más allá de la artista. Se podría decir que sus pinturas, esculturas, relieves y carboncillos crecen a su alrededor como las plantas en la jungla, de manera casi involuntaria y sin control, con un caos aparente que sólo cobra sentido al observarlo con la distancia adecuada.

Fachada del Museo Alejandro Otero con la obra de Renata Fernández

Fachada del Museo Alejandro Otero con la obra de Renata Fernández

Esta caraqueña de penetrantes ojos verdes es actriz, bailarina y periodista aunque su verdadera vocación se decantó, después de estudiar bellas artes en la escuela Armando Reverón, por la pintura y la escultura. Después de pasar por España, Berlín y distintos pueblos de Inglaterra, Renata se asentó en Londres donde conserva su vivienda y su estudio al que se desplaza cada día en bicicleta. Londres es su hábitat, ella se considera cercana a su gente por compartir el mismo sentido del humor, aunque reconoce que después de unos años en los que perdió prácticamente contacto con latinos, vivir aquí le ha servido para reforzar sus raíces y sus vínculos con Venezuela, lugar donde acaba de tener una gran exposición.

Con el nombre de Trópico Camuflado se ha presentado su obra en el museo Alejandro Otero de Caracas, lo que ha supuesto un verdadero reto técnico y logístico, en especial por los cuatro gigantes dibujos, llamados El día de los Trífidos en honor a la novela de John Wyndham, que decoran la fachada del museo y que miden cada uno más de diez metros de alto. Esta gran exposición comprende su trabajo de los últimos diez años en los que los soldados han ido perdiendo su protagonismo en favor del camuflaje de sus uniformes, plantas y árboles que crecen hasta borrar al hombre.

Un año entero mirando, interpretando, escrutando, reinterpretando una foto invertida de un soldado aparecida en el diario fue la génesis de Trópico Camuflado. Mirar la imagen del revés le permitía a Renata no establecer lazos emocionales, mantenerse al margen. Esa cruz invertida que le mostraba la fotografía se fue transformando en docenas de soldados que partían para una guerra lejos de su casa, a un lugar desconocido a realizar una misión que nadie había pedido. Transcurrido el año, al darle por fin la vuelta a la foto, se conectó con el lado humano de la situación: el soldado que es un profesional de la muerte es a su vez el hijo, el hermano, el padre de alguien, es un ser con sentimientos, con miedo, es quizás una víctima de sus circunstancias.

Algunas de las obras que compone Trópico Camuflado

Algunas de las obras que compone Trópico Camuflado

Un elemento resalta en esa fotografía del soldado: el camuflaje. Pero su vestimenta es incorrecta, viste la parte de arriba con camuflaje de selva y en la parte de abajo lleva camuflaje de desierto. Esto le puede costar la vida. Son los primeros días de la invasión de Irak. Ese hijo, hermano, padre de alguien quiere fundirse con un entorno desconocido para llevar a cabo una misión. Su arma es la cruz invertida del demonio, es el mal disfrazado de salvador de pueblos, la guerra por la paz, sembrar la muerte por bien de la humanidad. El ojo de Renata solamente capta e interpreta, no juzga, no se detiene en conflictos éticos.

El proceso avanza. El camuflaje se convierte en protagonista. Las manchas que simulan hojas crecen fuera del uniforme y adquieren prominencia. La amenaza que supone el hombre a la naturaleza se muta y se vuelve en  su contra: las plantas de la selva crecen obscenamente acorralando la insignificancia humana con una promesa de destrucción.

No hay una intención política en su obra pero Renata tiene una idea firme de la situación que está  pasando Venezuela y confiesa que es inevitable que esto acabe filtrándose en su trabajo incluso de manera inconsciente. Tal vez las enormes plantas, monstruosas por su tamaño y exuberancia, que tienden sus hojas y ramas sobre el mundo civilizado del hombre y amenazan con envolverle y devorarle hasta hacerle desaparecer, tengan algo de metafórico visto a la luz de los acontecimientos recientes. En cualquier caso, como la selva que invade el espacio y continúa su progreso paulatino y sin descanso, el trabajo de Renata no se detiene en la especulación sino que avanza por su senda, encontrando esas manifestaciones sorprendentes de belleza amenazante.

Para más información sobre Renata y contacto puedes visitar:

http://www.renatafernandez.com/

 

 

La revista, Perfiles

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