Entrevista con Juan José Burzi

Jun 12, 2014 Comments Off on Entrevista con Juan José Burzi by

Por Jessica Sequeira

Entrevista con Juan José Burzi Ventana Latina

Juan José Burzi

Charlé con el escritor argentino Juan José Burzi en La Poesía, un café del barrio San Telmo, en Buenos Aires. Su colección de cuentos Sueños de un hombre elefante se acerca desde varios ángulos a la relación entre lo grotesco y lo bello. Como escribe Burzi en las últimas páginas, “la belleza suele presentarse de cualquier manera, sin importar la locura y el infierno que puede estar circundando esa realidad”.

Burzi nació en 1976 en Buenos Aires. Publicó cuentos en diferentes revistas (OliverioNo-retornableAurora Boreal150 monos, Nan). Publicó los libros Miedo a la oscuridad (cuentos, Estrada, 2005), El trabajo del fuego (nouvelle, Edulp, 2006), Tres mundos (antología de cuentos, El escriba, 2007), Un dios demasiado pequeño (cuentos, Edulp, 2009) y Sueños del hombre elefante (Gárgola Ediciones, 2012, colección Laura Palmer no ha muerto). Forma parte de la Antología Outsider de Cuento Raro (antología de cuentos, Ediciones Outsider, 2012). Desde 2006 dirige y edita la revista de opinión literaria Los Asesinos Tímidos. Fue director de la colección Solo Cuentos de la Edulp, y miembro fundador del Grupo Alejandría.

VL: El libro comienza con una evocación de Pripyat, una ciudad verdadera en Europa del Este, donde en 1986 sucedió el accidente nuclear de Chernóbil. El primer cuento está compuesto de descripciones cortas ambientadas ahí, “instantáneas” como en una película, que marcan la pauta para lo que sigue. ¿De dónde salió la idea de Pripyat?

Burzi: Pripyat es un sitio web que tiene como 500 fotos de esa ciudad abandonada. Seleccioné las fotos que me gustaban. El cuento está hecho de las descripciones de esas fotos. Obviamente la historia de los viejos la inventé yo. Pero el banco de piedra, las sillas al aire libre, todo eso existe y lo escribí lo mejor que pude. Traté de hacer una especie de poesía en prosa, sin que necesariamente fuera poesía. Muchos de los otros cuentos ocurren en Argentina, aunque nunca lo digo. Escribí los cuentos en momentos distintos, antes que me viniera el concepto del libro.

VL: El cuento en sí mismo puede ser un fragmento de un proyecto más grande. Pero la mayoría de tus cuentos están a su vez separados en subsecciones. ¿Qué importancia tiene esa forma para ti?, ¿permiten los fragmentos cierta atención al nivel de la frase, a su nivel poético?

Burzi: Los títulos de las subsecciones se podrían llamar “Subtítulos”. Yo escribo así, no puedo escribir de otra manera. Me sale fragmentaria. No podría ser un Tolstoi. No trato de escribir para los demás. Me gusta guardar los diferentes puntos de vista como aumentos a la historia y eso me permite mucha libertad. Escribir de una manera fragmentaria está muy cercano con lo poético, con la condensación del sentido de la palabra. Me interesa trabajar con eso.

Me agrada [Ryūnosuke] Akutagawa. Entre sus obras destacamos el cuento En el bosque, Rashomon (que dio nombre a la película), El biombo del infierno y Los engranajes, que es lo último que escribió en su locura. Lo escribió fragmentariamente, y puso títulos a los fragmentos. Hay muchos otros autores que también hacen eso. Es algo muy tomado, incluso en cuentos de Borges como Historia universal de la infamia. Pero aunque poco original, todavía llama la atención.

VL: Hay una mezcla de ficción y realidad en tu libro, como en el cuento Ciclos de vida y muerte, donde no está claro si las biografías son inventadas o no.

Burzi: Sí, me gusta jugar con eso. Henry Faye es un pintor que inventé, aunque es un chiste que pierde la gracia con Internet. Hoy se puede googlear todo, Rimbaud, Baudelaire… Pero los retratos no existen, los inventé yo. Las anécdotas que cuentan estas personas, algunas son verdaderas y otras no. Además me interesó jugar con los mitos de las pinturas dentro de las biografías. Hay un nexo con la imagen.

VL: ¿Cuál es tu relación con esos poetas del siglo XIX como Rimbaud y Baudelaire, que estaban interesados en la relación entre lo grotesco y lo bello? Parece un tema recurrente en tus cuentos también. Hay un espíritu de los decadentistas franceses en el libro.

Burzi: Baudelaire es un maestro para mí, además porque tradujo a Poe. Gracias a él, y los lectores franceses, la obra de Poe se conoció en Europa. No le daban bola a Poe en los EEUU hasta que los franceses lo rescataron por ser un escritor muy oculto. A Poe le quiero mucho, como a William Faulkner, Rimbaud, Baudelaire, Nerval, y también algunos franceses contemporáneos que siguen esa tradición. Son gente con quiénes me hubiera gustado tomar una cerveza y hablar, no de la literatura.

VL: Si abrazamos estos juegos con distintos textos literarios e históricos, ¿dónde queda la idea de la originalidad del escritor?

Burzi: Creo en la originalidad de la mirada del autor, no del tema. No hay nada nuevo para escribir, ya se ha escrito todo. No creo en este chorreo, este afán moderno, de agarrar diez páginas de acá y diez páginas de allá y crear algo “intertextual”.

VL: Puede ser una pregunta peligrosa, pero ¿qué piensas de esos escritores que arreglan las obras de otros escritores?

Burzi: Son unos ladrones [risas].

VL: ¿No están agregando algo? Por lo menos conceptualmente.

Burzi: A mí no me interesa eso, pero quién soy yo para juzgar. No lo haría como autor, ni como persona que escribe y no me interesa leer algo así. Acá tenemos un chico experimental que ordenó el Martín Fierro alfabéticamente y engordó el Aleph de Borges…

VL: Pablo Katchadjian.

Burzi: Si, Pablito. Lo vi dos veces, lo saludo cuando lo veo, me cae bien, pero no tengo interés en leerlo. Lo que hace es como un chiste.

VL: ¿Podría pensarlo como un chiste serio? Generó mucha polémica, ¿no? Sobre lo que significa “literatura”, si aún existe.

Burzi: Hace tiempo un escritor ganó un premio del diario La Nación, por una obra donde 40 páginas las sacó de una novela española. Las sacó enteras y cambió los nombres. La obra fue publicada, y bueno, la gente en la academia defendió ese juego intertextual, que no hay copyright, que no hay copyleft, que no sé qué más. Para mí el tipo debió haber escrito algo de la nada.

VL: ¿Dónde se dibuja la línea entre algo así y lo que haces tú: tomar citas verdaderas y mezclarlas con tu material original?

Burzi: No tiene nada que ver, porque aunque sea realista, estoy escribiendo yo. Estoy deglutiendo y vomitando, mira que linda imagen poética, estoy masticando, no agarrando 10 páginas de acá, copiar y pegar. La diferencia para mí reside en el esfuerzo del trabajo.

Borges copió a fuentes reales para escribir la Historia Universal de la Infamia. Hay muchos escritores que copian la idea directamente, que es diferente a copiar la forma. Ahora mismo estoy reescribiendo Lolita en clave masoquista.

VL: ¿Este es tu proyecto actual?

Burzi: Sí, es un cuento largo. Pero lo hago a mi manera. No admito la copia, que es algo muy fácil, un chiste que haces una vez y ya está, como la famosa obra de Duchamp. Pero al final lo que importa es pagar el alquiler a fin de mes.

VL: ¿Escribís crítica también?

Burzi: Tengo una revista de crítica, Los Asesinos Tímidos, que no solo habla sobre crítica literaria, sino también sobre temas sociales. También se ve crítica en mis cuentos, por ejemplo Martillos es una crítica.

VL: En ese cuento, Pedro mata a su madre con un martillo y va a la cárcel. Una anciana le escribe una carta, comienza una correspondencia y eventualmente se va a vivir con ella. Las cosas parecen ir bien, pero termina matándola con un martillo. No había un porqué, no se entiende por qué lo hacía. Entramos en el mundo psicológico de Pedro, al lector comienza a “darle pena” y sentir que Pedro está mejorando y reintegrándose en la vida social, y de repente…

Burzi: Yo creo que quería ser único en la vida de la mujer. Estaba ocupando el lugar del hijo muerto y no le gustó. Por otro lado era su destino. La gente no mejora. Esto es lo más cercano a la crítica que se puede hacer. Hay esta idea de que al final la gente va a cumplir con algo, porque tiene que pasar.

VL: Es bastante pesimista.

Burzi: Sí. No tiene remedio. El que llega a matar a su madre a martillos no va a cambiar. Cada uno tiene sus motivos. La anciana quizá quiere reemplazar a su hijo muerto, o tal vez hay algo erótico. Si bien no le propone nada, en algún momento él lo piensa así. Puede haber un deseo sexual. Eso pasa todos los días, ¿no?

Además si sabes un poco de la política y la historia argentina, esto está basado en un caso real de un hijo que mató a su madre con un martillo. Si bien lo que pasó después no tiene nada que ver. Eso me pasa. Una situación me llama la atención y comienzo a escribir algo, aún si se vuelve otra cosa completamente diferente.

VL: Hay muchas conexiones entre tus cuentos.

Burzi: Y hay cuentos que tienen conexiones con el libro anterior, y cuentos por escribir que van a tener conexiones con estos. Estos vínculos son casi todos conscientes. Ya pienso en cerrar muchos temas, pienso en todos los cuentos que he escrito como un mundo en sí. Miro a larga distancia los escritores que admiro, como William Faulkner, y quiero hacer un Yoknapatawpha con mi geografía. Y bueno, no sé si lo lograré, pero es la idea.

VL: Tu estilo elige un camino muy distinto con cierto “realismo” muy presente en los cuentos. Ya sabes, temas “porteños” clavados a lo cotidiano con mucho detalle local, con descripción pura que a veces bordea el periodismo, pero en algún punto te aburre…

Burzi: O esas descripciones del submundo, la marginalidad…

VL: ¿Pasa en la poesía también no?

Burzi: “Hoy me levanté y me rocié de perfume”. El problema viene de lo que se puede narrar con la primera persona. A todos nos gusta Faulkner y pensamos que somos interesantes, pero hay pocas personas interesantes, ¿no?

VL: ¿Puede ser que la tercera persona ofrece más posibilidades para jugar? Con otros textos, otras perspectivas.

Burzi: A mí me gusta escribir en tercera persona, aunque lo que estoy haciendo ahora, la mayor parte está en primera. Te leo la parte fuerte de mi novela en desarrollo, La asfixia. [lectura]

VL: ¿Cuál fue la recepción de Sueños de un hombre elefante?

Burzi: A la gente le gustó bastante. Los cuentos a la vez te atraen y causan rechazo. Yo hago lo que puedo. Si hubiera podido escribir otros temas más populares lo hubiera hecho, pero me gustan estas cosas desde chico. La venida de la sexualidad te da otra mirada y otras percepciones de las que no eras consciente. Creo que en esencia escribo sobre el deseo.

VL: ¿Qué te gusta leer?

Burzi: Hay escritores de terror que me gustan mucho. Clive Barker escribió Libros de sangre y algunos cuentos de terror. Me gustan algunos de Stephen King. Adoro a Edgar Allen Poe. Lovecraft me gusta, pero no lo volvería a leer, me parece muy denso.

No me gustaría ser un escritor de género. Ya no leo tanto terror y cosas parejas. Un año me dediqué a leer todo de Faulkner y todo de Juan Carlos Onetti. En una época leí mucho a Sartre. Acá encima tengo empezada el Pálido fuego de Nabokov, también Hombre lento de Coetzee y El gatopardo de Leopardi. Me gusta mucho Pascal Quignard. Todos los autores del sur de Norteamérica me interesan mucho, como Flannery O’Connor y Carson McCullers. 

También William Goyen, su libro La casa del aliento es genial, como un Absalom, Absalom reducido a 50 páginas. Tiene dos libros de cuentos, Angeles y demonios y La misma sangre. Y también Los fantasmas y la carne, mira qué lindo título.

 

 

La entrevista, La revista

About the author

Adriana es Directora de Ventana Latina desde 2010.
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