La Latina Comedia: Los sueños de la sirvienta

Jul 01, 2014 Comments Off on La Latina Comedia: Los sueños de la sirvienta by

Por Fray Draco

300 millones de Rberto Arlt 

Empecemos por el final ¿por qué?, pues porque por algo hay que empezar. La sirvienta Sofía, la de los 300 millones, se pega un balazo o se lanza a las líneas del tren, lo mismo da, la realidad que la imaginación. Por lo demás, hay trenes balas y balas que viajan como trenes, y ambos han sido vehículos de muerte. Pero volvamos al tema, la sirvienta muere en serio y muere en fantasía. Sus fantasmas de humo, agentes ingratos de su propia fértil imaginación, no derraman siquiera una lágrima por su creadora fenecida, más bien, danzan macabramente en torno a su cadáver como niños liberados del yugo de la ley.

No me esperaba nobleza del Galán imaginado, ni solidaridad de las doncellas Griselda y Azucena, flacas de irrealidad. Impensado un réquiem del Capitán descarnado o una lágrima de la Reina Bizantina, menos aguardar por una postrera caricia de la Muerte. Y es una lástima que el sensible Hombre Cúbico, al que burlonamente llaman caldera, no compareciese. Ese si que hubiese llorado porque a pesar de ser geométricamente perfecto es sensible como una curva. ¿Y Rocambole? Rocambole querido, yo creía que tu corazón se había regenerado en bondad luego de los años de fechorías. Cuarenta tomos escritos en tu honor por Ponson du Terrail tirados por el excusado. No te imaginaba zapateando sobre los vestidos de la muerta, quemando los 300 millones de humo que le habías regalado solo porque tenías ganas de romper las pelotas. Cuarenta tomos, 300 millones y un cínico: Rocambole.

Suena la campanilla de la patrona, y yo puedo seguir escribiendo porque no son mis sueños de los que hablo, pero Sofía no puede seguir soñando porque es sirvienta y las sirvientas sirven, no sueñan, incluso en las tragedias griegas y en las telenovelas mexicanas. Sofía se cae del catre de su quimera para correr por entre los pasillos que forman los muebles húmedos de la cocina de los patrones. La chica recibe las órdenes del día, que son siempre las mismas y que asesinarían cualquier espíritu creativo o quijotesco. Friega, trapea, pule, desempolva y cocina, hora tras hora, mientras estoica aguanta que el hijo de la patrona le mire su culo joven bambolearse en la labor como si fuera aquello parte del arbitrario contrato. ¿De qué te sirven Sofía 300 millones en tu bolsillo del delantal si la patrona te los hace evanescer cada vez que suena aquella campanilla rezongona?

Los 300 millones regalados, broma de mal gusto. Diré más, macabra chanza de tres pesos ¿ideada por Rocambole? quizás no, sino por la misma Sofía, que no desea estar presa también en sus sueños y necesita esos 300 millones para volar lejos, para tener un día una hija secuestrada y luego recuperarla con inusitada audacia, para rechazar a un galán que la corteja y a unas damiselas que la envidian o para charlar con un capitán de barco que al menos la trata con cierto respeto.

Sofía, ¿y cómo dejas que tus propios fantasmas te traten así? Esos insignificantes seres de humo no tendrían páramo donde languidecer si les quitaras el suelo fértil de tu desear. Pero no te quieres y te tratas como sirvienta incluso cuando has sido heroína, gran señora, femme fatale, millonaria y envidia entre todos los humanos… en tus ensoñaciones.

Oyes como se acerca el tren y oyes al mismo tiempo al hijo de la patrona acercándose borracho y cachondo hasta tu cuarto. Ambos vienen a embestirte sin piedad, uno con metal y el otro con carne. El eco de su transitar se te hace insoportable, te quiebra los afanes. Sentada en la orilla del baúl de viaje nunca finalmente deshecho eliges la carta del ahogado: Tren en la vida real, bala en tus sueños.

No te hizo justicia la vida, no te hizo justicia la patrona, no te hizo justicia el periódico que reporteó tu muerte ni tampoco te hicieron justicia tus fantasmas de humo. Pero si lo hizo el sensible artista escritor devenido en periodista de crónica roja que te vio ahí tirada junto a tu baúl de viaje nunca deshecho del todo. Se llamaba Roberto Arlt y escribió luego una obra en tu honor que un día estrenó un teatro y un modo de hacer teatro en el país al que llegaste para morir sin nunca haber deshecho del todo tu baúl de viaje. Supongo que en ese baúl guardabas celosamente los fantasmas que nunca osaron reírse de ti ni de tus propios sueños.

 

Texto basado en la obra 300 millones de Roberto Arlt, estrenada en el recién inaugurado Teatro del Pueblo de Buenos Aires en 1932.

 

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About the author

Adriana es Directora de Ventana Latina desde 2010.
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