La aceituna y el carozo: Una entrevista al director argentino Gustavo Masó

Aug 27, 2014 Comments Off on La aceituna y el carozo: Una entrevista al director argentino Gustavo Masó by

Por Jessica Sequeira

Gustavo Maso

Entré al Teatro del Pasillo en Buenos Aires algunos minutos después de haber comenzado En busca de Pino Baucher, debido a una feroz lluvia invernal. Lo primero que vi fue un hombre con un bigote impresionante, con una jaula en su cabeza y un traje cubierto de notas adhesivas de varios colores. Se hablaba a sí mismo y escribía algo sobre un pedazo de papel higiénico. Durante los siguientes minutos, el hombre buscaba un líder espiritual, Pino Baucher, para ayudarle a responder a la pregunta “¿Y ahora qué hago?” En el camino para encontrarse, prueba talleres de reflexión, medicinas alternativas y un tour de sanación; incluso llega a un campo de sandías. 

Tuve la oportunidad de conversar con Gustavo Masó, el director y protagonista de la obra.

 

Ventana Latina: ¿Cuál fue tu proceso de escritura de En busca de…?

Gustavo Maso: La obra nació de una necesidad. En el pasado hice obras de otro tipo, más políticas, satíricas y cínicas, menos metafísicas. Pero al igual que Juan Carlos, el protagonista, mi cuerpo necesitaba algo. Hay momentos en que uno ama y es amado, que tiene sentimientos. Buscamos grandes cosas, pero de repente todo puede aparecer sencillo con un beso, un abrazo, el amor.

Quería quedarme en esa etapa de brote, con todas sus posibilidades de existencia, sin negar su angustia. La obra es algo no convencional que surgió de lo convencional, que habla de los problemas de un tipo tratando de relacionarse con otros. Es algo fantasiosa, idílica y juvenil que también tiene que ver con el deterioro y el quilombo.

La palabra ser forma parte de hacer, y yo no concibo la una sin la otra. El amor es el vínculo para salir del ensimismamiento de la reflexión a la acción. No destaca “el gran pensamiento” sino algo más cotidiano y cercano. Hay humor, hay descarrilamiento; me parece que el humor arma un índice temático de las cosas que suceden, y en eso puede relacionarse con lo poético.

VL: ¿Cómo fue tu entrada al mundo de teatro?

GM: Empecé a estudiar teatro de grande… Bueno, tenía 20 años. Me agarró en ese momento. Me encantaba ver como un actor puede transformarse, el elemento poético y plástico. Comencé con un estilo más serio, con los actos bien delineados. Pero de a poco me moví hacia un estilo más divertido, organicé un movimiento de teatro abierto.

En el ’89, después de la dictadura y la guerra de Malvinas, la gente tenía más libertad de escribir y completar obras. La transición de la dictadura a la democracia transformó todo lo que estaba escribiendo. Siempre hice política. Edité durante 12 años una revista barrial. No hicimos nada de plata pero nos divertimos mucho.

VL: Si está permitido preguntar, ¿cómo te ganas la vida?

GM: Acá en Argentina es muy complicado todavía. Hay gente que dice “¡Qué complicado!” y después habla de sus vacaciones en Miami o Inglaterra o Patagonia. Pero cuando digo “complicado” lo digo en serio. Por supuesto el teatro “under” tiene sus propias complicaciones. No hay plata, no hay mucho apoyo institucional.

Trabajé haciendo unos programas para radio y un poco de cine y teatro. De una manera u otra siempre podía bancarme. En el Teatro Cervantes hice Una visita a los Quixotes, el mismo lugar donde ahora hago Los Guerrero. Y mientras tanto escribía mis canciones y hacía mis obras.

VL: ¿Cómo haces con la publicidad para tu obra, para que la gente se entere de las fechas de funciones?

GM: Algunos como vos se enteran por la página AlternativaTeatral, pero la mayoría por Facebook, flyer o boca a boca. Pino Baucher es una función chiquita, no es uno de esos espectáculos donde la gente gasta 300 pesos en Corrientes y hay cien personas en el escenario. Ese tipo de cosa te deja vacío. Me gusta sentir realmente que estoy en el mismo lugar que la gente. Quiero igualar el escenario con la platea para que el público siente parte de lo que pasa; quiero que las personas se entreguen de verdad, sin pensar en cosas de otro lugar, y después siguen hablando durante la cena o en sus casas. No es algo que comience, termine y chau. Hay gente que viene cuatro o cinco veces y traen otros.

VL: ¿Qué papel juega la improvisación en la obra?

GM: La obra parece improvisado pero no lo es. La única cosa que cambia es la zona. Se siente la energía del lugar y eso cambia el cuerpo. Respondo a la gente. Por ejemplo hay una parte en el que el público canta, “Te necesito, te necesito…” Ahí puedo cambiar mi reacción o agregar un gesto. Pero la mayor parte sigue el guión.

VL: ¿Cómo planteas la relacion entre el actor y las utilerías sobre el escenario? Con sólo un poco de papel higiénico, un marcador y algunas cositas más pudiste armar una escena fuerte.

GM: La obra es cuerpo puro, con cosas bien utilizadas. Gasto más en energía que en plata. Lo que quiero es volver al texto, al pensamiento, a la palabra y al cuerpo. Las cosas en sí no son tan importantes.

Acá hay un gran actor que se llama Eduardo “Tato” Pavlovsky. Es un hombre grande, 81 años, un psicoanalista, director y autor. En algún momento recibió un premio —ya era grande sin necesidad de premios— y dijo que el autor tiene que proponer, cambiar o hacer algo. Vi eso cuando era un poco más joven y rebelde, y me dije “Ah bueno, así es el negocio.” Para mí crear es un acto de amor. He trabajado en teatros con más reconocimiento como el San Martín o el Cervantes. Pero me gustan más los espacios íntimos, pequeños, donde el público se entrega a las cosas.

Gustavo Maso

VL: ¿Quiénes son los directores que te influencian?

GM: Hay varios, aunque no puedo decir que tengo influencia de eso o aquello. Quizás de actores. Nacionales, me gustan Roberto Cossa y Alfredo Alcón. Después los italianos, Vittorio Gassman, Alberto Sordi, Nino Manfredi. El francés Albert Camus. En Norteamérica tenés los grandes, Robert de Niro, Marlon Brando, Al Pacino, Dustin Hoffman.

Las lectures son una influencia importante también. De lo absurdo he leído bastante, también me gusta Roberto Arlt en la parte de Aguafuertes. Me atraen las novelas que son una escalera de cosas, cuando una cosa pasa tras otra. Se fascina con ese “¿Dónde va? Dónde va?”

Igual estoy un poco sospechoso de la idea de influencias. Lo importante es hacer. Suele suceder que se anota en clases y talleres, sin llegar a hacer. Cursos, cursos y más cursos. Hay miedo de hacer, y a la gente se tranquiliza hacer cursos sin concretar nada. Todo el tiempo está buscando algo. ¿Y dónde esta? Esta acá.

VL: Esa idea anti-taller está muy presente en tu obra. Creo que sucede también con la escritura. Es más fácil leer que escribir. Y a veces la preocupación por el estilo es un impedimento para el hacer. Mucha gente no escribe porque teme no llegar a ser Faulkner.

GM: Cómo surgen los actores y lo demás? Haciéndose. Como se hace para crecer, si no por el ensayo? Si no estás abierto a errores, como vas a aprender? La idea de lo perfecto fomenta la fantasía estúpida y hace que no labures. Hay que aceptar lo que es uno, con todos sus fallos. Lo más difícil es bancarse lo que uno es, y descubrir lo que uno puede hacer, que no es menos. Es una forma de respeto para el lugar y el espacio que uno tiene. Los actores siempre quieren hacer otra cosa. “Yo debería estar trabajando en un escenario frente a mil personas”…. Y no es así. No hay que ser un resentido.

En el teatro la gente está siempre preocupado sobre cómo decir, cuando tiene que ser preocupado por el qué decir. La tonalidad y la sonoridad están vacías si no tienen una idea o sentimiento atrás. La aceituna necesita un carozo.

VL: Pino Baucher parece compuesta de escenas pequeñas y absurdas que a la vez sugieren algo más…

GM: Menos es más. Cuando haces menos y es concreto, es potente. Aunque sea en cinco minutos algo puede pasar, mientras que en dos horas no pase nada. Hay que enchufar los cables y hablar en directo de cosas concretas. Puedo mostrar una televisión blanco y negro que golpeo y no anda. Ahí está algo concreta, algo que a todo la gente la ha pasado. Parte del rol de director es ser la portavoz de la gente. Tenés que proyectar más que tenés como individuo, para que algo quede atrás de las imágenes.

Hay una parte donde la gente viajan en combi a su taller y el chófer apaga el GPS. Es una boludez, pero lo fantástico está basado en las cosas cercanas, que extremo para hacer la chiste. Una escena chiquita —una autopista, un lunes en la madrugada— puede llevar todo lo posible.

VL: ¿Cuáles son las tendencias que notas en el teatro independiente de hoy?

GM: Voy a ser sincero, voy poco al teatro y cuando voy normalmente es para ver algo de un amigo. Pero estoy enterado de que hay varios jóvenes que hacen cosas interesantes. Acá hay absolutamente de todo, una gran variedad desde Fuerza Bruta a Timbre 4. Tenés los empleados de textos, donde no pase nada. Pero también tenés los teatros independientes donde los pibes están empleando nuevas técnicas y herramientas discutibles.

En Europa hay una idea más fuerte de los grandes y de la historia. Somos más primitivos. Acá lo que tenemos es una rara energía para hacer cosas, una rara energía rebelde que hay por dentro. No teníamos las guerras de Europa; acá todo fue distinto. La dictadura no fue una guerra sino un sistema opresor. Charly García dijo que “no bombardeen Buenos Aires”, somos nosotros mismos los responsables. Hay mucha historia política, mucha gente acá colonizadora, europea y progresista que miran afuera. Es lo que está pasando ahora con la deuda.

VL: ¿Hay que redescubrir lo local entonces?

GM: Tenía una experiencia en La Paternal. Vino a la función mucha gente de barrio, más grande, que conocía autores clásicos medio convencionales. Estuve aprensiva de cómo responderían. Pero fue una función extraordinaria. Aplaudían de pie, emocionados. Y me sorprendió, porque vine con un prejuicio. No hay que saber los nombres de los autores para que llegue el sentimiento. A veces la gente ríe porque digo Fou-CAULT o Bu-CAY, caga de risa por lo manera en que lo digo. Todo tiene que ver con el ritmo, donde pongo la nota. Los textos son musicales.

Actúo para la gente. El escritor tiene que estar abierto y escuchar. Siento la diferencia cuando alguien agarra una idea o se siente vergüenza. Y cada público termina cerrando la obra de manera distinta. Hay gente que me pregunta, ¿No es una obra fría si no tiene culo o tetas? Yo respondo, no, un teatro en que un hombre habla y interactúa con el público es la cosa más antigua que hay en el mundo.

VL: ¿En qué estás trabajando actualmente?

GM: Estoy escribiendo canciones, mientras pienso en qué hacer después. No quiero que la gente diga que repito la misma cosa. Si sigo con Pino Baucher, tiene que ser una sátira, que no quiero hacer, o una continuación del tipo que hace otra cosa. Pero por ahora sigo armando canciones. Lo disfruto mucho, y en la próxima obra pienso en hacer algo con bailarinas. 

 

Más sobre Gustavo Masó aquí

Una cuequita para la cual compuso la letra



Una haka nacional para una murga en 2006

 

 

 

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Adriana es Directora de Ventana Latina desde 2010.
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