Un Tigre de Papel: el collage subjetivo de Luis Ospina en el Discovering Latin America Film Festival

Dec 01, 2014 Comments Off on Un Tigre de Papel: el collage subjetivo de Luis Ospina en el Discovering Latin America Film Festival by

Por Danila Bragnini 

Collage de Pedro Manrique FigueroaNo es poco común que el relato oficial deje de lado personajes icónicos que marcaron la historia. Pedro Manrique Figueroa, precursor del collage como arte plástico en Colombia y acérrimo militante político de izquierda, fue uno de ellos.

El cineasta colombiano Luis Ospina, fundador del Grupo de Cali, reconstruyó su historia y presentó el resultado: el documental Un Tigre de Papel, que vio la luz en 2007, y llegó a las pantallas de Londres el 29 de noviembre de la mano del Festival de Cine Discovering Latin America y el Tate Modern.

Ospina desarrolló la historia a través de un falso documental, recortando testimonios, archivos y collages. Es así que el relato recorre la vida de un artista plástico devenido militante revolucionario en su paso por los acontecimientos políticos más turbulentos de los años 60 y 70, no sólo en Latinoamérica sino alrededor del mundo. 

A simple vista, Un Tigre de Papel puede referirse a un espejismo de ciertos estereotipos sociales latinoamericanos de los 70. “Pedro es, en cierta forma, autobiográfico. Cuando les contábamos a los entrevistados la idea y el perfil del protagonista, casi todos conocían a alguien con esas características”, comenta Ospina, quién trabajó en Manrique Figueroa un perfil de fracaso y mediocridad, pero trató al personaje con una suerte de cariño difuso. Pedro es un personaje querible, cálido; descalabrado y fallido, pero creativo y dinámico. En síntesis, según Ospina, una caricatura de su generación.

Manrique Figueroa, quién causó revuelo con sus collages herejes, visitó la China maoísta y la rechazó, justificó su adicción al hachís con un texto de Martí, intentó salvar a Allende pero llegó tarde, se perdió en el Amazonas y se sumó a las cruzadas mormonas, fue expulsado del Partido Comunista por su inusual visión estética, intentó desbaratar el sistema monetario en Estados Unidos y lo frenó la CIA, desapareció misteriosamente en 1981 luego de ofrecer su cuerpo como obra al Museo Nacional de Bogotá.

El film tuvo, sorprendentemente, una cálida recepción en sectores comunistas y de izquierda. Ospina comentó al público que al principio Un Tigre de Papel fue rechazado en el festival de cine de La Habana, pero lo invitaron a mostrar el falso documental al año siguiente. Fue allí cuando ganó el premio en la categoría “Cultura y Revolución”. Además, fue alabada en Venezuela con el premio Telesur, y el público pudo ver la película a través del canal oficial del gobierno de Chávez. El sorprendente remate, continuó Ospina, es que en las dos ocasiones los jurados creyeron que el personaje era real.

La historia del precursor del collage se desarrolla de forma cronológica, y son las voces de los que alguna vez lo conocieron, todos personajes ilustres, quiénes lo reviven. No existen fotos y filmaciones directas del artista. Una breve y confusa grabación de sonido es el único archivo que evidencia el pensamiento de Manrique en su propia voz, y son sólo algunos collages, sus ex amantes, sus encuentros casuales y sus pseudo amigos quiénes lo reconstruyen. La intención es clara: los fenómenos históricos se reconstruyen como discursos a través de las praxis humanas, de recuerdos dilatados, de relatos endebles.

Los collages de Pedro se imponen como estructura y estética,  y son estratégicamente utilizados como recurso separador. Los “pegotes” ilustran sus mensajes dispersos, y determinan una obra que pretende, según su creador, desmitificar la dinámica tradicional del género documental. Entrelaza mentira y verdad para evidenciar, irónicamente, cómo las instituciones dominantes se han encargado de diseminar ideologías indiscutibles, difíciles de contrarrestar y peligrosamente eficientes. Es así que Ospina juega a engañar una vez más. “Es muy simple hacerle creer al espectador que una escena está, indefectiblemente, situada en Rusia, cuando en realidad puede haber sido filmada en el barrio ruso de Nueva York, que es lo que sucedió” comentó el director refiriéndose al desopilante momento en el que un barman ruso relata el confuso paso de Manrique por la Unión Soviética.

El director, íntimo en su relato con la audiencia en el auditorio Starr del Tate Modern, no dudó en aceptar su propia identificación con el perfil de revolucionario de los 70, pero también confesó que con los años su pensamiento mutó. “Creo que mi generación fue la última que pensó que podía cambiar al mundo. Cada grupo creía que tenía la verdad, y pensé ¿Qué tal si con la mentira puedo llegar a la verdad? De eso se trata el film”. Y concluyó que, cómo menciona un guerrillero argentino en la película, nadie nunca va a ser feliz con el capitalismo, “pero lamentablemente no hay otra manera”.

El festival Discovering Latin America continúa hasta el jueves 4 de diciembre de 2014, visita su sitio aquí.

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Adriana es Directora de Ventana Latina desde 2010.
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