La imposibilidad de decirte Adiós

May 13, 2015 Comments Off on La imposibilidad de decirte Adiós by

 Por Carolina Navarrete Higuera

¿Cómo despedir a uno de los más grandes escritores contemporáneos de América Latina? Fue nuestra pregunta durantes días cuando nos enteramos del deceso del escritor uruguayo el pasado 13 de abril en su ciudad natal Montevideo, a la edad de 74 años.
Es que frente a una obra prolífica, intensa, profunda y extremadamente comprometida las palabras no alcanzan a esbozar la figura creadora.

Escritor, periodista, poeta, historiador, ensayista, político sin partido y humanista rebelde dedicó gran parte de su vida a develar poéticamente el mundo de los olvidados, como lo expresó en su célebre poema Los Nadies, en el cual describe sutilmente las innumerables negaciones vividas por las minorías.

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanías.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
(El libro de los abrazos)

La figura de Eduardo Galeano no solo deja una huella en la literatura, sino también en la manera de construir la Historia del continente. Sin duda su libro de ensayo e investigación Las venas Abiertas de América Latina (1971), reeditado más de treinta veces y traducido a más de veinte lenguas, ha sido crucial para entender nuestra construcción de sociedad. Esta radiografía del continente, que abarca desde la conquista hasta el apogeo de las dictaduras de los años setentas, revela paso a paso cómo nuestra América ha sido sistemáticamente saqueada desde sus orígenes, usurpando sus riquezas y negando su cultura. Es que para Galeano el ejercicio de recuperación de la Historia resulta absolutamente necesario para imaginar nuestro futuro, como lo expresó en una de sus frases del libro: “La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue, anuncia lo que será”.
Si Galeano nos convocó a ser parte de un viaje a la génesis del continente, la invitación extendida en sus numerosos libros es más heterogénea, pues el escritor no duda en construir un mosaico de pequeñas historias anodinas, a primera vista, que abarcan desde las reflexiones más profundas hasta las pasiones más viscerales, teniendo siempre como estrella guía la preeminencia del sentimiento humano. Pues Galeano ponía el ojo en aquella humanidad menospreciada por el resto, en esa humanidad de los sin rostro, de los seres anónimos que viven, aman y pelean y construyen. El escritor uruguayo transformaba así sus vidas en una realidad que merece la pena mirar. Como expresó un periodista Galeano escribía con un “ojo en le microscopio y otro en el telescopio”. Así, nacieron libros como: Memoria del fuego (1982-1986), El libro de los Abrazos (1989), Las palabras andantes (1993), Patas Arriba (1998), Bocas del tiempo (2004), Los hijos de los días (2011) y su libro sobre su gran pasión El fútbol a sol y sombra (1995), entre otros.
Su trabajo escritural podría definirse como un mestizaje entre los diversos géneros literarios (poesía, narrativa) y el periodístico, los cuales cruzan incesantemente el discurso historiográfico y el ensayístico. El resultado suelen ser pequeñas historias, anécdotas o crónicas que cuentan embelleciendo realidades e imaginarios donde el hombre es hacedor de su propio destino y en el cual el derecho a soñar es el edicto primordial, como se refleja en su texto Vamos a delirar un ratito.

¿Qué tal si deliramos por un ratito?
¿Qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible?
El aire estará limpio de todo veneno que no provenga de los miedos humanos y de las humanas pasiones.
En las calles los automóviles serán aplastados por los perros.
La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por el ordenador, ni será comprada por el supermercado, ni será tampoco mirada por el televisor.
[…]
Nadie vivirá para trabajar pero todos trabajaremos para vivir.

Eduardo Galeano tenía pegada en su escritura y en su propia piel el compromiso libertario. Nunca abdicó frente a la injusticia, inclusive días antes de su muerte firmó un manifiesto contra un decreto de E.E.U.U que considera a Venezuela como un peligro para esa nación. La vivencia de la dictadura uruguaya y de todas las del continente dejó una huella indeleble que se tradujo en un activismo político incansable. Uno de las últimas muestras fue su participación en el movimiento español M15 donde inspiró y apoyó a miles de jóvenes.

Por todo eso, quizás la palabra adiós no quepa en nuestra despedida.

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