Poesía desde Cuba, por Judit Herrera

Oct 27, 2017 Comments Off on Poesía desde Cuba, por Judit Herrera by

Judit Herrera

 

Nació en La Habana. Es Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana.

Su obra poética ha sido galardonada en varios eventos literarios entre los que se encuentran el  470 Aniversario de la Fundación de Ciudad de la Habana (1989) y el Premio Luis Rogelio Nogueras (1990). Ha publicado dos libros, Pequeños Cantos (1990, Ediciones Extramuros) y Las Ínsulas Extrañas (2006, Edición Personal), este último en Madrid.

Vive en España desde 2002.

 

Visitación

Alguién llega, brevísimo,

a visitar la solitaria playa de tu sueño.

En un instante cruza

y contempla el fluir del cuerpo que perdura

junto a la orilla iluminada.

Sobre esa sombra se posa

furtivo como los resplandores de la noche.

Con dígitos de ámbar o de bruma

recorre la silente desnudez de los párpados.

Tu mano o quizás el sueño de tu mano

roza el filo de se viento,

de esa visitación,

de este extraño

que se aleja,

brevísimo.

Cántico V

Ah, dulce oscuridad

donde las manos del perdón te encuentran

y el cuerpo en su quietud

renuncia.

El silencio se abre como una flor insomne

y su caliz recóndito

es el cosmos total

donde la noche canta.

Ah, alta paz de la sangre,

profunda desnudez,

soledad plena.

Ronda el ser en secreto

por las grutas del agua.

Hunde su fiebre el ser

en el barro abisal

de lo que olvida.

Herida de silencio

la memoria es un pájaro

que cruza la espesura.

Mis amigos cubanos escapan a Miami

Mis amigos cubanos escapan a Miami

(se está quedando sin cubanos Madrid)

Y desde la otra orilla

Me hacen llegar sus guiños de sirena

Recibo sus retratos donde admiro

Sus ombligos opíparos, sus mesas pantagruélicas,

Yo me alegro y sonrío.

Y pienso que está bien.

Mis amigos cubanos convocan mi añoranza

Me hablan del mar lustral

Que les llena los ojos de luces y esmeraldas

De arenas de alabastro,

De insólitos verdores,

Mis amigos cubanos saben que aquí hace frío

Y me tientan la sangre con tibieza y dulzor,

Los escucho y sonrío.

Y pienso que está bien.

Ahora que es primavera

y resucita la acacia en mi ventana

y el pájaro agorero de la lluvia

profetiza el dominio

del fruto y la alborada

quiero cantar, España, tu nobleza

la hondura con que preñas

mi corazón henchido

el amor que te tengo

la luz con que me atas.

Ah, patria de los brazos abiertos

tierra donde aprendí a ser libre,

tus altos campanarios hacía tiempo

me gritaban tu nombre

y yo dije ese nombre

con susurros de niña estremecida

recorrí tus ciudades herida de punta de nostalgia

llagada la mirada de mar y soledad.

Y yo andaba sangrando

y tú me restañaste

Y yo andaba desnuda

y tú me cobijaste

Y yo andaba asustada

y tú me susurraste

tu nana de cebolla y aguaceros.

Derramaste en mi arteria

El vino dulce amargo de tus penas.

Tú señalaste

mi corazón golpeado

y se hizo primavera.

Ni lamentos, ni infamias

ni quebrantos

me apartarán de ti,

nodriza furibunda

que amamantas mis días

con tu calostro grave

de centurias y soles.

Quiero vivir en ti

lo que me quede

de rama verdecida.

Quiero morir en ti,

dormirme entera

debajo de tu piel,

bajo un olivo

donde en invierno,

dulcemente,

se detenga la nieve.

Tiempo

Tiempo, furor oscuro

juntos, tú y yo, otra vez sobre la luz humana.

No esperaba volver a ser en tí sonido

canto de ti de nuevo entre tus alas.

Transida permanezco junto a la orilla pálida

de la vida que pudres.

Sobrevivo en mis vértebras y en mi sangre que vaga

mientras los sueños cruzan las ciudades, los páramos

que alzas y precipitas

en el ara violenta de tu mano.

A donde iremos, Tiempo

a dónde iremos a través de la espesa

procesión de los días.

Llueven tus multitudes sobre la piel del mundo.

Eres el ornamento feroz  de cuanto habitas.

Olvidados de tí

crecen desde tu herida el gozo y el dolor.

Voces que se apresuran

sobre la anunciación  perenne de los cuerpos.

Y el destino del ser

que entreabre su frágil resplandor

sobre la intensidad sin freno que devoras y fundas

es la historia de aquello que no existe

sino desde tus lindes:

Galopando en silencio

entre tu orilla ardiente

y la desconocida libertad

de los dioses.

 

Judit Herrera

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