Violeta Parra y el arquetipo de la cantora popular

Dec 21, 2017 Comments Off on Violeta Parra y el arquetipo de la cantora popular by

Por M. Bernardita Batlle.

Yo canto a la chillaneja si tengo que decir algo

Y no tomo la guitarra por conseguir un aplauso

Yo canto la diferencia que hay de lo cierto a lo falso

De lo contrario no canto.

 

Violeta Parra nace en 1917 en la provincia de Ñuble, al sur de Santiago, capital chilena. Llega a Santiago en 1932, aunque su origen campesino fue elemento central en su arte. En 1947 forma con su hermana Hilda el dúo las Hermanas Parra, obteniendo público reconocimiento como artista del folclor. En 1953 cambia de rumbo cuando decide volver al campo a ‘desenterrar el folclor’. Desde ahí hasta su muerte en 1967 construye su propio modelo de actividad artística, sin precedentes, y que marcaría una pauta para los artistas venideros (como la Nueva Canción Chilena); modelo que consistió en combinar las figuras de la cantora campesina, el poeta popular, el genio creativo, todos traspasados por un fuerte arraigo en la cultura popular chilena, siendo su canto ‘el canto de todos’ (Torres Alvarado 2004, pp.53-73).

La propuesta artística de Violeta Parra tiene repercusiones en muchos ámbitos de la música popular y tradicional en Chile y Latinoamérica, sin embargo aquí me quiero detener en el efecto que tuvo sobre la cantora chilena.

De acuerdo con Juan Pablo González, durante el siglo XX la cantora transitó por diferentes estados, donde la cantora campesina recién llegada a la capital a principios del siglo XX evoluciona con la llegada de la industria discográfica y radial en los años ‘20, y ya para los años ‘50 se transforma en cantante escénica de voz y apariencia física refinadas. Sin embargo pierde popularidad en los años ‘60 y ‘70, cuando su público deja de identificarse con el simbolismo agrario nacional en busca de una voz política, donde la canción de autor cobra gran relevancia.

Es aquí donde Violeta aparece como la gran excepción de la cantora que además es cantautora: además de interpretar el folclor tradicional crea su propio cancionero cantando a la libertad y la diferencia (González Rodríguez 2010, pp.15-25). En este sentido, Violeta se rebela contra la estereotípica cantora estilizada, ofreciendo su propio modelo de cantora popular, basado en dos principios: estética del ‘retorno a lo simple’ (manifestada en su voz, ritmos, acompañamientos instrumentales, y en general, en oposición al virtuosismo) y un afán de integrar tanto discursos como sonidos tradicionales que se encuentren fuera de la identidad nacional oficial (Torres Alvarado 2004, p.66).

Hoy la cantora moderna capitalina vive en constante tensión, pues su ámbito de acción (el mundo de la cueca brava) es todavía un mundo dominado por valores masculinos. Aun así, crecientemente se desarrollan grupos que desafían estos parámetros a través de su poesía, puesta en escena, música, y en general, su forma de vida. En este aspecto, Violeta Parra ‘desde su situación de mujer-madre-jefe de hogar-artista’ (Torres Alvarado 2004, p.63) presentó ya en los años ‘60 una nueva estética y modelo de actividad artística para la cantora moderna. Dicha cantora ha podido continuar la línea trazada por Violeta, obteniendo desde su práctica artística dos grandes logros: (1) abrir camino a la perspectiva femenina, de otro modo ausente en la escena cuequera, creando y validando nuevos aspectos formales para el género de la cueca; y (2) desafiar estereotipos femeninos naturalizados socialmente al cumplir roles históricamente asociados a cantores masculinos (como el uso de la décima, el ser instrumentistas, el autogestionarse, etc.).

 

Referencia bibliográfica:

González Rodríguez, Juan Pablo. 2010. «La mujer sube a la escena: Estrellas de la canción en el Chile del sesquicentenario.» NEUMA III: 10-33.

Torres Alvarado, Rodrigo. 2004. «Cantar la diferencia. Violeta Parra y la canción chilena.» Revista Musical Chilena LVIII (201): 53-73.

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