Poemas de Begoña Ugalde Pascual

Jun 20, 2018 Comments Off on Poemas de Begoña Ugalde Pascual by

 

BEGOÑA UGALDE PASCUAL  (Santiago, 1984)

Es licenciada en literatura Hispánica en la Universidad de Chile y Máster en Creación Literaria en la Universitat Pompeu Fabra. Ha publicado los poemarios El cielo de los animales (2009, Calle Passy), Thriller (PLUP) y La virgen de las Antenas (Cuneta 2012), Lunares (Pez Espiral 2016), Poemas sobre mi normalidad (Ril ediciones 2018)  y el relato Clases de Lenguaje (TEGE). Además es autora de numerosas obras teatrales que han sido llevadas a escena, entre las que destacan Fuegos artificiales, Temporada baja, Yo nunca nunca, Lengua materna, Cadena de frío y Toma (publicada por Ediciones del Consejo Nacional de la Cultura y Las Artes, CNCA, Chile).

MIS PADRES NO SON INTELECTUALES

 

Mis padres no son intelectuales

no les interesa leer ni van al teatro

pasan muchas horas al día

sentados frente al televisor.

 

Mi padre en el piso de arriba

ve documentales de animales

mi madre en el del piso de abajo

programas de cocina o concursos.

 

Algunas noches

ven juntos las noticias

comentan el pronóstico del tiempo

los estragos del calentamiento global.

 

Luego se quedan dormidos

mientras las escenas de una película para adultos

se proyectan en las paredes de su pieza

y en sus rostros que sobresalen del cubrecamas

muy cerca el uno del otro.

 

 

 PÁJAROS QUE SOPORTAN EL INVIERNO

 

Mi padre trabajó en un banco hasta jubilarse

su oficina era un cubículo gris

de dos metros cuadrados

donde no entraba la luz natural.

 

Se dedicaba a programar computadores

nunca hizo amigos, no le gustaba el fútbol

un día me confesó que almorzaba solo

y que a fin de año unos funcionarios

quemaban en las calderas del banco

cerros de billetes para controlar la inflación.

 

Cuando cumplí quince años

fuimos a caminar por plaza Ñuñoa

mientras comíamos un helado

me dijo que en realidad nada tenía sentido

que estar vivo era absurdo

porque las cosas no terminan nunca de encajar

y el dinero es mentira

pero hay que pasarse la vida intentado ganarlo.

 

Los árboles estaban casi sin hojas

la nieve brillaba sucia sobre la cordillera

todo amenazaba con paralizarse de manera definitiva

hasta que él se puso a intercambiar silbidos

con los chincoles, las tórtolas y los zorzales.

 

Luego me dio instrucciones:

junta las comisuras de los labios

contrae la lengua, sopla fuerte

concéntrate en la música

de los pájaros que soportan el invierno.

 

Solo salió de mi boca vapor de agua

él besó mi frente

nos quedamos abrazados en la banca

escuchando las palomas arrullar

alineadas sobre el tendido eléctrico

hasta que se hizo oscuro.

 

 

BATALLA SILENCIOSA

 

Primero en el sexo la experiencia alucinada

los días siguientes ese brillo de obsidiana

que recorre el cuerpo y hace que todo vibre

hasta que el calendario rectangular proyecta

una sombra inmensa sobre mi casa

la cordillera es una madre enojada

la humedad avanza en las paredes

se desata esa batalla silenciosa

que oscurece aún más la perspectiva

de un futuro ya incierto

porque no llega la sangre

cuando yo espero esa sangre

como el recado más urgente

para que mi corazón deje de repetir

su monótona advertencia:

la destreza física no basta

el amor necesita tiempo para florecer.

 

 

 

 TIGRE BLANCO

 Muerto el tigre blanco

  dice el titular del diario

  atacó a un hombre

  que se metió desnudo en su celda

  para protestar por el encierro animal.

  Le dispararon entre varios

  evacuaron rápido el zoológico

  solo los simios miraron curiosos

  cómo la preciosa sangre del tigre

  manchaba el mapa de su piel.

  Podríamos cubrir su cuerpo de flores

  organizar procesión en su honor

 es que quedan pocos tigres blancos

 en este mundo

 la belleza es un animal que se extingue.

 

 

 

 ORO

 

Para terminar el día leo a mi hijo

ese cuento de los hermanos Grimm

donde un burro caga monedas de oro.

 

Imagina que una ola te lleva

al fondo marino

donde están los corales más rojos

los barcos hundidos

que la sal siempre erosiona.

 

Él respira profundo

como si tomara aire para sumergirse

puedo sentir el momento exacto

en que logra conciliar el sueño

pero yo permanezco despierta

como un guardia de seguridad

que ya no piensa en volver a casa.

 

Mi cuerpo no cabe del todo en su cama

me contraigo y reconozco

a los monstruos de su noche

tan parecidos a los míos

y luego rezo a una deidad inventada

ser como el burro del cuento

convertir en oro lo que sale de mí.

 

 

 

 FOBIA

 

Muy pronto esas polillas

que se estrellan contra los cristales

van a aprender la manera

de abandonar esta luz fácil

para escapar hacia el campo florido

todas reunidas

como un relámpago

y vamos a extrañar su roce en la piel

como una tela vieja que todavía abriga

vamos a extrañar incluso

su débil brillo de mariposas oscuras

que saben cruzar la noche ciegamente.

 

 

 

 PEQUEÑOS MILAGROS

 

Cuando dormían esos extraños en mi casa

nunca descansaba realmente ¿sabes?

lo pasaba bien pero después era raro

estar tan desnuda, tan cerca de alguien

que aún no me había hablado de su rutina

o de su forma pasar sin nadie un domingo.

 

A veces me imaginaba que podía ser un sonámbulo

que rompía mi cuello o se llevaba mis libros

entonces me mantenía alerta

no me entregaba ni al sueño ni al amor.

 

Ahora es diferente, tú y yo

hablamos por horas después de comer

de temas que no importan a nadie más

y eso me parece un pequeño milagro.

 

Como también es un milagro despertar

en medio de la noche, sentir el peso de la oscuridad

donde hemos permanecido quietos

entrelazando nuestras piernas como para estar muy seguros

de que el cuerpo del otro seguirá a nuestro lado

tibio y completo hasta la mañana siguiente.

 

 

 

PECES DE AGUAS DESCONOCIDAS

 

La mujer que atiende la pescadería de mi barrio

tiene el pelo rojo

como la sangre de los peces frescos

facciones delicadas, una voz fuerte

¿Qué vas a querer guapa?

exclama apenas entro.

 

Le digo que no sé nada

acerca de los peces de estas aguas

ella me los presenta, los enumera

al tiempo que señala sus cadáveres.

 

Yo miro con atención sus formas

no los reconozco, pero identifico

en sus rictus de muerte

una tristeza nueva y poderosa.

 

El brillo apagado de sus escamas

me regala nuevos prismas

reveladores de un orden antiguo

escrito en los corales.

Ella afila sus cuchillos

rompe el silencio, recomienda

uno de nombre extraño

 

que asegura es delicioso por ser de roca

y no moverse en aguas profundas

donde son turbias las mareas

el fondo marino insondable.

 

Acepto su sugerencia

porque el pez en cuestión

no es ni muy grande ni muy chico

ni feo ni bello

sino simplemente un cuerpo blando

que ha perdido su pulsión vital.

 

El olor de sus vísceras

me asquea y me recuerda

cuando mi papá volvía de la pesca triunfante

a darme un beso mostrándome una cesta

llena de peces muertos

y luego me pedía compañía

mientras limpiaba los parásitos

que vivían ocultos entre sus tripas

como tesoros escondidos o sentimientos

que yo aprendí a controlar.

 

¿Quieres la cabeza para hacer una sopa?

pregunta la mujer tras arrancar el espinazo

y pesar los trozos en una balanza de metal

que podría determinar, estoy segura

la justa medida de todas las cosas.

 

Yo asiento y casi casi recuerdo

el momento exacto

en que me resigné a aceptar el beso de mi padre

disimulando la arcada

cuando la mujer de pelo rojo

me entregó la carne blanca y limpia

envuelta en un diario donde podían leerse

las últimas noticias internacionales.

 

 

 

 

Inicio

About the author

The author didnt add any Information to his profile yet
Comments are closed.