Entrevista: Aníbal Cristobo, poeta y editor de Kriller71

Dec 15, 2018 Comments Off on Entrevista: Aníbal Cristobo, poeta y editor de Kriller71 by

por Sheyla Miranda

Conocí a Aníbal Cristobo en el otoño de 2011 por intermedio de Edgardo Dobry, poeta, traductor y profesor de Teoría Literaria de la Universitat de Barcelona, en donde cursaba un Master. Aníbal y yo pasamos a encontrarnos con regularidad en Buenas Migas del Raval: llegábamos al final de la tarde, pedíamos cappuccinos y conversábamos sobre la autora portuguesa Adília Lopes, quien traducíamos poemas (yo, al oírlo, sabía que aprendía mucho más con él de lo que podía contribuir con una u otra elección de palabras, de tono). Pese a mi castellano aún inmaturo, de a poco fui sabiendo más de su historia, del tiempo en que vivía en Rio de Janeiro, en los 90, de su amistad y colaboraciones editoriales con los poetas brasileños Carlito Azevedo y Heitor Ferraz Mello, de su hija Marina, que tenía acabado de nacer. Me puse al tanto sobre los libros que él había publicado como poeta (cinco, desde el entonces. El más reciente, La Ruta de la Tos, fue publicado en 2018, en España) y como traductor.

En el verano siguiente, Aníbal lanzó su primer libro de Kriller 71, la editorial independiente que empezó en la sala de su departamento, sólo, pero teniendo como colaboradores poetas y críticos esparcidos por América Latina, Estados Unidos y Europa. Desde entonces Cristobo ha publicado más de 35 libros de poesía contemporánea, escritos originalmente en inglés, portugués, español y también en chino.

Para 2019, Kriller71 lanza un plan de suscripción anual – el lector podrá recibir en casa ocho libros de la colección de poesía publicados al largo del año, y entre los autores estarán Mary Jo Bang, Andi Nachon y Robin Myers. 
Para saber más: kriller71ediciones.com 

Conversé con Aníbal Critobo sobre el desarrollo de su proyecto editorial, las conexiones entre traducción y creación literaria, el papel de las editoriales independientes, de la crítica literaria y de los encantamientos poéticos.

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Sheyla Miranda: El primer libro de Kriller 71, publicado en 2012, fue una reedición de Como Higuera en un Campo de Golf, obra del autor peruano Antonio Cisneros. Seis años después y otros 35 libros ya lanzados, ¿cómo ves el desarrollo de la editorial? ¿Lo qué se mantuvo y lo qué se descarriló de los planes iniciales?

Aníbal Critobo: Yo diría que ha superado misexpectativas, porque lo que yo me planteaba originalmente era compartir lecturas que formaban parte de mi bagaje, autores por ciertas peculiaridades biográficas mías (ser argentino, haber vivido en Brasil) podían no ser conocidos aquí — pero luego lo que sucedió es que fueron apareciendo lectores y colaboradores más o menos espontáneos que me acercaron otros materiales, poetas que yo no conocía y que acabé publicando, con lo cual el dibujo original, que era ingenuamente vertical, se transformó en algo mucho más circular, de ida y vuelta. Eso por una parte: por la otra, además de aspirar a esa disfuncionalidad que implica intervenirde modo disonante un escenario cualquiera (en este caso, el de la edición de poesía en España), estaba también el gesto de la autogestión, que era y es el 50% invisible del proyecto. Es decir, poner en acciones un caso concreto de que no tiene sentido conformarnos con entendernos como “consumidores” culturales, sino que podemos asumir un rol mucho más vital, transformarnos en “agentes” y participar desde nuestro lugar de una construcción conjunta de los modelos culturales. Kriller71 es en gran parte esa apuesta; que un señor trabajando como recepcionista en un hostal sea capaz de editar en España a Paulo Leminski, Arnaldo Antunes etc. Como ademásno existía ninguna planificación temporal, cada libro, como me gusta decir, es un libro ganado al silencio — un libro que probablemente no existiría sin este proyecto editorial.

SM: Observar todo lo que se ha publicado en el catálogo de Kriller me hace pensar en los criterios de selección para la construcción del catálogo. Uno de los principales parece ser lo de poner en circulación obras de poetas latinoamericanos en España, contribuir para la revisión, o ampliación, de lo que se entiende por canon literario. En la condición de poeta y traductor argentino viviendo hace 16 años en España, ¿qué significados ese recorte asume?

AC: Hay una base mutante, que es el entramado de deseos superpuestos que se van resignificando todo el tiempo — seguramente una de las ventajas de desarrollar un proyecto unipersonal, en el cual lo programático pierde fuerzas en nombre de una actualización de tus propias pulsiones como lector. En ese sentido, ese criterio no sería un valor estable, o al menos me gusta pensar que no se trata de un efecto capaz de ser transformado fácilmente en un símbolo estético o un estandarte de política editorial. Lo último que deseo es que Kriller71 tenga una identidad estable en esos términos, con los cuales pasaría a tener un compromiso de manutención, ¿no es cierto? Me refiero a la fatalidad que significaría convertirnos en la editorial que publica poetas latinoamericanos o cualquier otra imagen semejante. Antes bien, el gesto sigue siendo el de compartir lecturas que me sorprenden y pasan a resultarme importantes como lector. Por otro lado, si me viera acorralado ante la pregunta de encontrarle un hilo común a todos los libros de la editorial, creo que me inclinaría por imaginar que estéticamente podrían entenderse como textos que se valen de algún tipo de narratividad para desarrollar una pesquisa lingüística que tensiona o pone en peligro esa misma narración.

SM: El catálogo de Kriller trae al español nombres relevantes de la poesía contemporánea de lengua portuguesa, como, por ejemplo, los brasileños Marcos Siscar, Angélica Freitas, Carlito Azevedo, Paulo Leminski, y la lusa Matilde Campilho. Siempre me impactó el casi abismo entre las poéticas producidas en países vecinos o de lenguas cercanas, por así decir, como es el caso de Portugal y España y Argentina y Brasil. Me parece que las editoriales independientes – y publicaciones digitales, como la ya extinta Inimigo Rumor – tienen un rol fundamental para el intercambio más intenso que tuvo lugar en los últimos años, quizás décadas. ¿Cómo ves esto?

AC: Yo creo que entre Argentina y Brasil ya hace un par de décadas largas que el intercambio viene incrementándose mucho, ¿no? Y ahí seguro que las editorials independientes tienen un rol importante, pero están muy acompañadas por un fenómeno más generalizado que tiene que ver, creo yo, con una curiosidad mutua, con un descubrimiento de la riqueza del otro. Hoy en día posiblemente para un poeta argentino tiene mucho más sentido investigar qué se está produciendo en Brasil, en términos artísticos, que en Europa o Estados Unidos; porque a partir de ahí puede abrirse hacia unas tradiciones poliédricas que no sólo le ayudan a incorporar a sus investigaciones literarias caminos distintos de los que sus referentes habituales le brindan, sino que en muchos casos se puede tratar de autores con una proximidad geográfica que, para una programación cultural de resistencia, como es la latinoamericana, también posibilitan un encuentro, un viaje etc. Al menos desde el lado argentino veo eso. Y también me parece interesante que esas editorials independientes hacen sus contactos “por fuera” de los cánones, con lo cual todo se descentra y desjerarquiza mucho, cosa que me parece estupenda. El caso de España y Portugal me parece más delicado, porque no acabo de percibir cuál es el nudo del conflicto, pero intuyo cierta desconfianza mutua. Desde mi punto de vista, en términos literarios, creo que Portugal tiene mucho que ofrecer —a España y al mundo—mientras que existe cierta suspicacia en relación a la producción literaria española, cierta sensación de que se ha visto favorecida por una situación editorial más o menos favorable, pero que fuera de los límites del autoconsumo nacional, no siempre genera interés, más allá de algunos pocos nombres. En ese sentido me parece una pena que España no sea mucho más porosa y receptiva con sus vecinos naturales, tanto Portugal como Francia.

SM: Tus criterios literarios, lingüísticos o políticos están amalgamados a la emoción, a las lecturas que te marcaron, que de alguna manera iluminaron tu visión de mundo. Me gustaría que hablases más sobre esto, ya que has traducido para el español más de la mitad de los libros traducidos y publicados por Kriller.

AC: Claro, es lo que decíamos antes, la editorial entendida casi como una biblioteca personal que abres a tus amigos, ¿verdad? Creo que es comprensible que un proyecto así, al que le dedicas tiempo robado a tu familia, al sueño, al tiempo de ocio, sea un proyecto en el que produces solo aquello que te apasiona y que te compromete como lector, escritor, persona. Yo puedo hacer un recorrido por mi catálogo evocando el momento en que leí por primera vez a cada uno de esos autores, y con eso tendría un álbum personal de vivencias invalorable. Y luego, como te comentaba, todo se sigue moviendo: hay autores brasileños o argentinos a los que conocí ya viviendo en España. De pronto leo a Angélica Freitas y no sólo me parece brillante, sino que pienso que ese soplo de ironía y aire fresco es algo que le puede sentar bien a la poesía española, donde hay muchas jóvenes escribiendo poesía de gran compromiso con sus análisis de género — pero que quizás lo hacen con alguna solemnidad, con una carga bibliográfica muy presente y no siempre metabolizada: pues ahí está Angélica, y la recepción de su libro en España creo que confirma mi intuición al respecto, porque generó mucho interés pese a ser casi una desconocida aquí.

SM: Con respecto a la traducción, tu actividad como traductor siempre ha sido desarrollada en conjunto a tu producción poética autoral. Podrías comentar un poco sobre cómo, en tu experiencia, los dos campos interactúan. ¿Hay una tendencia de incorporar en tu escrita los procedimientos de un autor que estés traduciendo, es posible detectar huellas de los poetas que has vertido en tu poética?

AC: La traducción es una experiencia única, como poeta y como lector te hace tomar conciencia de unos cuantos dispositivos, algunos del autor, otros de la lengua. Yo creo que siempre he ido incorporando elementos de autores que me gustan, pero en relación a tu pregunta el ejemplo que siempre me gusta dar tiene que ver con algo estructural del portugués. Estaba entrevistando a Armando Freitas Filho y él decía algo sobre cierto poeta, como ves he olvidado los contenidos, pero supongamos que lafrase dijese así: “Drummond é um poeta excepcional, um poeta sem o qual a poesia no Brasil não seria tão interessante? É.” A mí esa forma de rematar, con una afirmación tan contundente y al mismo tiempo tan breve (una sola letra: ¿se puede pensar en algo más sintético?) me pareció formidable, porque es algo que en castellano, dentro de las estructuras de expresión que yo tengo a mi alcance, creo que no tiene igual. Y fue a parar a un poema de mi primer libro, llamado Single cacto, que es un momento dice: “El cactus es / esa materia fútil, espejada / en lo árido del día, casi / intratable? Es.” – que es un modo de responder que nunca utilizaríamos en castellano. De hecho, en cierto punto muchos de los poemas que escribí juegan a sonar en el original como malas traducciones de otra lengua. (Por cierto, ese “intratable” viene del cactus de Manuel Bandeira, que fue una “dica” del propio Armando cuando le comenté que estaba escribiendo un poema sobre un cactus).

SM: Todos los libros de la editorial están acompañados de un prefacio, posfacio o notas críticas. Veo que hay una preocupación en ofrecer pistas al lector sobre la obra con la cual él va a leer. Para finalizar, me gustaría oírte un poco sobre esta opción, sobre la crítica literaria.

AC: Sí, yo te diría que más que pistas los veo como posibles caminos de lectura. En ese sentido, si bien es cierto que todos los libros están acompañados por ese aparataje paratextual, hay mucha flexibilidad con relación a esos prólogos: desde análisis muy concienzudos de un recorrido del autor y de su contexto hasta textos absolutamente subjetivos, que plasman de algún modo la experiencia de lectura de alguien. Yo tiendo a defender la relación directa de un lector y un texto, pero también creo que a veces plantar un artefacto poético desanclado de su tradición y de su medio de producción puede resultar demasiado brusco o de difícil acceso para ciertos lectores. Y creo que si publicamos un libro, si acercamos un autor, es importante tratar de posibilitar que ese poemario tenga el recorrido más largo posible – que no se trate de que simplemente pase por las librerías y vuelva a la editorial. En esesentido creo que encontrarte con un crítico o poeta que conoces y que te cuenta una experiencia de lectura posible, aligera un poco la extrañeza. Justamente los otros días una poeta me decía que estaba un poco reticente sobre incorporar ese prólogo, porque un buen libro se defiende por sí solo: yo no creo que un texto crítico salga a “defender” al libro, pero puede ser un elemento más (como en otro grado lo son la portada, el título, la traducción) que contribuya a generar una curiosidad lectora, ¿no? Porque en el fondo, mi sensación con todo lo que edito es esa: que sólo necesito que el lector sienta alguna curiosidad — y luego ya todo el resto está asegurado por los poemas, que hacen el trabajo del encantamiento.

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